18.12.12

Es tan difícil admitir a uno mismo que fuiste sólo tú quien permitió que el curso de las cosas se convirtiera en lo que es ahora


APRENDIENDO A NAVEGAR


¿Qué responsabilidad puede tener alguien más por mi futuro bienestar?

No sé exactamente a quién le escribo, puede que sea a ti o puede que sea a mí. Los comienzos parecen siempre difíciles y empezar a escribir no es la excepción. Mi mano vacila y mi bolígrafo no fluye con facilidad por la hoja, pero con el tiempo cuando mi mente se asienta en el ritmo conocido, la mano vuelve a fluir. Existe una conexión entre mi mano y mis pensamientos, e intuyo por qué casi nunca escribo directamente en el ordenador, sino que elijo este método algo caduco hoy en día de escribir con lápiz y papel. Es reconfortante.

Desde hace ya tres años, me considero a mí mismo un escritor. No es mucho para alguien que ahora tiene sesenta y dos. Sin embargo, creo que siempre supe que era algo que podía hacer, pero no fue hasta entonces que decidí desbloquear el flujo de ideas dentro de mí y creer en ellas. Escribir lo que me venía en cualquier momento en el que decidía sentarme y esperar, fue también una aventura y una inmersión en lo desconocido. Escribir me ha nutrido e inspirado como pocas cosas en los últimos años. Me siento vivo y auto realizado – me envuelve una sensación de hacer lo que se supone que debería estar haciendo.

Cuando me siento y me pido a mí mismo comprensión, ese sentimiento de tratar de tocar lo desconocido me acompaña nuevamente. Estamos solos, a la deriva en el vasto océano de la conciencia, tratando de alcanzar la seguridad de nuestros propios mañanas. Puede ser un sentimiento aterrador. Pero si estuvieras sentado solo en tu pequeña barca, aparentemente sin la capacidad de alcanzar seguridad, ¿qué harías? Seguramente te verías forzado a dejar tu propio pánico de lado. Luego, probablemente observarías la situación: la naturaleza y los vientos que podrían soplar a tu favor; tus propios recursos y lo que eres capaz de hacer; y con eso, desde los rincones más profundos de tu ser, te rendirías a la convicción de que, de algún modo, también sobrevivirás a esto.

Así que, ¿dónde reside mi pánico?, ¿de qué se trata?, ¿es esa duda de que yo pueda ser el capitán de mi propio barco, aquel capaz de guiar su propia vida? Al menos parte de la respuesta debe estar allí, ya que durante años he tenido la tendencia de dejar que otros creen mi presente y, en última instancia, mi futuro. Mucho, al parecer, ha sido por complacencia, permitiendo que otros dicten lo que es y lo que será mi realidad. La crisis aparece cuando esa realidad no coincide con las expectativas que tengo para mí mismo, cuando no suma a mi bienestar, no hace nada por la confianza que tengo en mí mismo y no aporta las esperanzas que persisten en la ventana de mis mañanas.

Si he de comprender mi situación actual o lo que algunos podrían incluso llamar crisis, primero debo definir cuáles son esas esperanzas no alcanzadas que todavía sigo albergando. Es todo demasiado evidente para mí, le echo la culpa a los demás mientras veo mi vida desdoblarse ante mis ojos. Existe una rabia latente hacia los demás que sé que no me favorece, y que al final me aleja de ser el dueño o responsable de mi propia vida. Es tan difícil admitir a uno mismo que fuiste sólo tú quien permitió que el curso de las cosas se convirtiera en lo que es ahora. No era tu deseo más profundo hacerlo, pero es sólo esa actitud complaciente tuya asomando de nuevo su horrible cabeza.

Mi primera tarea es extirpar esta rabia inútil que dirijo hacia los demás, y últimamente, hacia mí mismo. Aunque a todos nos gustaría pensar que estamos interconectados y que somos mutuamente dependientes unos de otros, qué responsabilidad puede tener alguien más por mi futuro bienestar. Ellos también tienen sus propias preocupaciones. Ellos también tienen un futuro por el que preocuparse.

¿Estoy yo tan preocupado por su futuro? La respuesta es, probablemente no. ¿Acaso no están ellos tan preocupados por lo que está por venir como lo estoy yo? Esa comprensión es de algún modo abrumadora. Cada uno de nosotros, en primer lugar, está aislado en su cápsula de supervivencia volando hacia ningún lugar en particular.

Podríamos hablar de vivir los unos por los otros, pero la realidad es muy distinta. ¿Albergo en mi interior esta idea de sobrevivir, presente en mí pero aparentemente detestada al verla en otros, en forma de ira dirigida hacia ellos? ¿O los acepto por la transformación que están intentando llevar a cabo e intento enseñarles cómo sobrevivir de mejor manera? Cualquier cosa que me saque de mi rabia interna es definitivamente el mejor camino que puedo tomar. Ante todo, me da una perspectiva diferente y quizás más iluminada, me libera de mi rabia interior y de mi auto-negación, y me permite convertir la complacencia en compasión. Es un gran paso al frente.

Comprendiendo a los demás llego a entenderme a mí mismo. Perdono a los demás y me perdono a mí mismo. Después de todo, estamos todos juntos en este pequeño bote tratando de remar en la misma dirección. Si puedo perdonar los defectos de tu carácter, tal vez seré capaz de hacer lo mismo conmigo. Ser libre contiene en sí mismo esta idea de reconciliarme y aclarar la visión de mi pasado. Defino mi pasado como todos aquellos pensamientos que he guardado tan fielmente cerca de mi pecho a lo largo de los años. Tengo la responsabilidad de cambiar hoy esos puntos de vista si anhelo cambiar mis mañanas. Es fundamental y no puede haber otro camino. Permíteme entonces liberar mi ser de culparte y así liberar mi ser de una tensión e incertidumbre innecesarias.

Si dejo ir este hábito sin sentido que tengo de encontrar el error en ti, ¿no ceso al mismo tiempo de dirigir esta corriente de patrones de comportamiento contra mí y que sólo tienden a minar mis propios esfuerzos? Practico perdonarte y en el proceso aprendo sobre el perdón. Es una acción recíproca, que obedece indiscutiblemente una ley universal. Debo beneficiarme de este principio universal ya que soy yo quien ha iniciado la acción y quien la ha liberado en su viaje a través del universo. El amor vive para siempre. Perdonar es amar. Volviendo al amor vuelvo a ser libre – libre para permitir que brille desde lo más profundo todo lo que representa lo mejor de mí, mis verdaderos sentimientos y creencias y en consecuencia, lo que anhelo para el futuro.

Quizás ahora soy capaz de decirme a mí mismo y a todos y cada unos de vosotros, estas son mis esperanzas y deseos. Para mí son muy valiosos y pienso que también hay lugar para ti en de ellos. Ahora lo que nos queda por hacer es comunicarnos.
Nos hemos convertido en una generación y en una sociedad que valora la comunicación por encima de todo. Queremos estar informados. Cada minuto de nuestra vida moderna está inundado con información. Sin embargo, es difícil escapar al hecho de que el volumen de comunicación que buscamos nos lleva sólo a entretener e informar, y al final, sólo sirve para distraernos y mantenernos en la oscuridad, aislados y temerosos.

Dejamos de buscar en nuestro interior y en cambio buscamos todo fuera de nosotros mismos, incluyendo cada idea, creencia y últimamente, cada convicción que acabamos creyendo que es importante para nosotros.
Pero la verdadera naturaleza de la comunicación debe ser compartir lo que he encontrado como cierto sobre mí mismo. Obviamente, también puedo hablarte sobre mis miedos del futuro, sobre lo que no me ha gustado del pasado, lo que me ha ocurrido, o lo que puedo pensar sobre otros cuando han interactuado conmigo. Todos hacemos esto, pero lo hacemos con el riesgo de no encontrar nunca esa llave secreta que nos abrirá a toda la bondad que reside en nuestro interior y, al mismo tiempo, a nuestro irrestricto potencial que permanece dormido en el mismo lugar.

Si me tomo el tiempo de pensar sobre lo que mi potencial realmente significa para mí, no será el potencial de hacer el bien ilimitadamente. Mi nuevo compromiso hacia la comunicación es entonces, decir en voz alta al universo entero, incluyéndome a mí mismo, este es quien soy, esto es lo que quiero y esta vez, definitivamente no estoy tratando de escapar de la responsabilidad de las acciones que acabaré por tomar. Creo en mi propia causa. Entonces permito que el universo responda. Tú y yo hemos hecho nuestra parte.
Creo en mí. Siempre lo he hecho, sólo que no lo suficiente. Entonces permito que eso cambie en este preciso instante. Si mis pensamientos pueden llevarme a esta coyuntura en mi vida, el momento de hacerlo está aquí.

Mi esperanza es poder mantener el amor – sagrado para mi corazón – para permitir que sea mi regalo diario a los demás y lo único que me nutra guiándome hacia la luz y la plenitud de la vida. Mi deseo no es sólo ser el capitán de mi propio barco, sino también poder llevar a otros a salvo a los puertos de su propia comprensión. Cuidar de los demás se ha vuelto parte fundamental de quien soy. Necesaria e inequívocamente me enriquece.

También guardo la esperanza de que de algún modo pueda liberarme de esos miedos, aquellos que me mantienen encadenado a sentimientos negativos de ser el agraviado, o encontrar el fallo en la forma en que actúan los demás, y la resultante frustración y rabia que esos sentimientos producen en mí. Inevitablemente niegan la verdadera esencia de quien soy, dejando en su lugar algún tipo de versión falsa de mí, contento de vivir en alguna realidad fantaseada y alterada. Mis miedos son ésos, aquellos que aún no he podido enfrentar y encarar en mi pasado. Si no lo hago, será imposible aceptar y resolver mi pasado y, en consecuencia, avanzar. Continuaré siendo un esclavo de todo lo que ha pasado antes y hay poca esperanza de que se de lugar al aprendizaje.

Sin embargo, estoy comprometido a aprender. Es el eterno faro en mi arsenal de principios, aquellos que me han mantenido en pie todos estos años. Por lo tanto, mi compromiso fundamental es aprender. Es la promesa que me hago a mí mismo una y otra vez. Dentro de ella están salvaguardados todos los tesoros que toco suavemente, disfrutando de que algún día pueda mantenerlos firmemente. Esto condiciona todo lo que elijo hacer hoy. Me enseña a comprender, expandiendo mi visión en el proceso. Fomenta mi creatividad y fortalece mi propósito de actuar en consecuencia cada momento del día. Aprender elimina la ignorancia de mi mente consciente y me libera. Ahora puedo navegar rápidamente con el viento detrás, sin trabas y libre de alcanzar esa parte de mí que me espera.

Hargobind Singh (Filósofo, formador de Kundalini Yoga, discípulo de Yogi Bhajan y orador)  

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