30.7.13

La Humanidad es crédula, miedosa, cómoda y perezosa, y consiente porque prefiere que otros asuman la responsabilidad.

¿DESTRUCCIÓN DE LA HUMANIDAD O DESPERTAR DE LA CONCIENCIA?
"Lobezno Inmortal" la última creación de Hollywood. Estereotipo del héroe contemporáneo: en un mundo urbanita duro, inhumano y en total decadencia, el ser humano no puede más, está furioso, se rebela y para ello saca su lado más animal, más primario y brutal, más agresivo, menos HUMANO. Desde los años 80, Hollywood colabora a la destrucción de nuestra sagrada humanidad y diseñando nuestra visión del mundo: la única vía de salvación es la violencia. 

Como en la Naturaleza, en el mundo de las acciones y expresiones humanas todo está unido, porque todo interfiere en todo.  Y la estética que nos rodea no es sino la parte visible de un momento de la historia de la Humanidad que corresponde a la decadencia de un ciclo económico y social, un cataclismo global que está llevando sin pausa el planeta a su destrucción y al ser humano a las cloacas de la infrahumanidad.  

En esta investigación veremos cómo la biología oficial, el neodarwinismo,  es la que conviene al  modelo económico anunciado por Adam Smith, el capitalismo ultraliberal imperante en el mundo globalizado. Como describiré en el primer capítulo,  el neodarwinismo contemporáneo no es una verdadera ciencia, sino una teoría falsamente científica que se impone como una teología, legitima la ideología del poder económico y político,  y apoya el desarrollo tecnológico de la biogenética  para los intereses de dicho poder.
Hace 2500 años, Platón en La República  alertaba de la necesidad de que los magistrados controlaran al rebaño sin que éste tuviera conocimiento de ello. ¿Conspiraba Platón? No. Simplemente describía una realidad que lleva miles de años aconteciendo: la Humanidad perezosa, irresponsable, consintiente y miedosa es tratada por sus élites como ganado. Y los “magistrados” griegos se llamarán después patricios romanos, luego señores feudales, más adelante emperadores, reyes o nobleza, en términos marxistas oligarquía político-financiera y ahora tecnócratas, los mercados, OTAN, FMI o Banco Central Europeo. Pero todo esto es lo mismo: es el Poder.
La Teoría de la Conspiración  está muy de moda. Sin embargo, en mi opinión no existe conspiración alguna, pues  el poder nunca conspira, el poder se ejerce. Es lo propio del poder. Los conspiradores precisamente son los que no tienen el poder. Si podemos considerar la existencia de una conspiración, ésta se situaría en los albores de la Revolución Francesa, cuando las viejas élites aristocráticas fueron reemplazadas a sangre y fuego, tras diez años de guerra civil, por otras nuevas provenientes de la banca internacional y la industria incipiente.

Se conspira siempre en secreto y contra el poder. Si estuviera yo alertando de una posible conspiración, significaría que un grupo minoritario está intentando tomar el poder. Y evidentemente, esto no es así. El poder, del que  me dispongo a describir algunos de sus mecanismos, ya está plenamente instalado y hace tiempo que ya no necesita conspirar. En cuanto a actuar en el secretismo, es lo propio del poder, como muy bien decía ya Platón.
Si bien es cierto que buena parte de lo que aquí presento se ha ocultado, a la vista de todos está que un grupo minoritario tiene un poder extraordinario y desde hace mucho tiempo. Otra cosa es que se haya ocultado, no fuéramos conscientes de ello, o que no lo queramos ver. Este llamado Nuevo Orden Mundial es muy viejo, y hablar de Teoría de la Conspiración para describir el momento histórico  presente no tiene sentido.

El poder siempre ha tenido nombres y apellidos, sobre todo apellidos pues, como se ejerce en largos períodos de tiempo,  las estructuras dinásticas, los linajes, las familias, los clanes o las castas son indispensables a su existencia y mantenimiento. Sin embargo, para mayor agilidad de lectura, me referiré a él con el término general de las élites o Elite Internacional, pues, como veremos, no se trata de una élite específica, de una familia ni de un país. Las élites siempre han existido. 
Si el cuerpo humano se mueve por su energía, nuestra sociedad como cuerpo social es igualmente dependiente de la energía. Por tanto,  el mundo  se controla a través del control de la energía, siendo el dinero, además del petróleo, el vehículo principal y motor de la energía de la sociedad globalizada.  Así, el control del dinero y del petróleo dará poder, y el control absoluto de la energía dará un poder absoluto.  
En consecuencia, el poder está en manos de los que controlan los sistemas financieros, todos ellos vinculados a las petroleras: Rothschild, JP Morgan, Warburg, Rockefeller, Goldman Sachs, Kuhn & Loeb, Harriman, Ford, Vanderbilt, Carnegie, Shacht, Bush, entre otros, son algunos de los poderosos linajes que llevan el control en la actualidad, y ese control se hace posible a través de los organismos por ellos creados como la Reserva Federal, el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, el FBI, la CIA, la ONU, la OTAN, el CFR (Council of Foreign Relations), el Club Bilderberg, el Club de Roma, la Trilateral;  pero hay muchos otros organismos menos visibles como el Instituto Tavistock, el General Education Board, el Teachers’ College, el Johns’ Hopkins Hospital o el mismo Hollywood, todos ellos colaboran y hacen posible que esta élite ejerza su control, esta vez a través de la educación, la salud, la alimentación  y la industria del ocio.
En estos últimos dos siglos los trabajadores han luchado para tener más tiempo libre, pero luego no saben qué hacer con él y lo dedican a la adquisición de cultura basura, la cultura del espectáculo.  Esto no es sólo una opinión descrita por Guy Debord sino ya una evidencia. La industria del espectáculo  es la proveedora de imágenes, vacías y falsas que  entretienen el vacío  de sus consumidores pasivos, consintientes y entregados a su propia enajenación, sin oponer resistencia alguna a su paulatina autodestrucción, en ausencia completa de sentido crítico alguno.  Movidos por su pereza y su comodidad, los seres humanos se ponen ellos mismos los grilletes de su esclavitud.
Esta investigación corresponde a una toma de conciencia de la gran mentira en la que estamos viviendo; cada día miles de personas se están dando cuenta, simultáneamente en muchos ámbitos del conocimiento y en muchas partes del mundo, no sólo porque está globalizado sino también porque estamos interconectados de manera invisible y sutil.

Sin embargo, observo un gran  pesimismo y hastío en la sociedad y creo que no está justificado. Creo, por el contrario,  que deberíamos estar celebrando  todo lo que hemos comprendido. Lo que muchos estamos escribiendo en esta última década no lo pensábamos cuando teníamos veinte años. ¿Acaso estábamos equivocados?  No, simplemente no tocaba, no estábamos preparados. Esa es la maravilla: cada día,  cientos o miles de jóvenes, y menos jóvenes, están descubriendo la realidad y  tienen ahora toda la vida para desarrollar una participación en la Tierra desde otro paradigma  y construir un mundo más humano y  respetuoso. 
Otro mundo es posible. Y está aconteciendo.  La situación de esclavitud, sumisión de la Humanidad y destrucción de la Naturaleza no data de las mareas negras ni de la energía nuclear, ni siquiera  de la revolución industrial, es muy antigua: Felipe II destruyó un magnifico bosque para construir sus naves, desparecidas en unas horas de tormenta, provocando lo que llamamos hoy el Desierto de los Monegros. Ni a él ni a nadie, en más de 400 años, se le ocurrió que se podía volver a plantar aquel magnífico bosque. Y nuestros padres, aunque no  padecían los  transgénicos, vivieron dos guerras mundiales y no supieron qué había detrás, quién las provocó, quién las financió y quién realmente las ganó. Quiero decir con esto que en el pasado no había manipulación genética, pesticidas ni SIDA pero hubo otros procesos igualmente controladores, destructores y degradantes para el ser humano. 
La Historia que nos han contado, la Historia implantada en nuestras mentes  por  los manuales de la historiografía oficial, es la historia de la guerra, la historia de la destrucción de la  Humanidad por las elites. Gracias a un excelente sistema de adoctrinamiento, la juventud sale al mundo con un pensamiento único: el hombre es un mono evolucionado inteligente que compite con su prójimo porque sólo sobrevive el más apto; la guerra es inevitable pues el hombre siempre lo ha conseguido todo gracias a ella; es en las sociedades capitalistas donde existe la verdadera democracia y la libertad, en los otros sistemas políticos sólo hay pobreza, censura y represión; lo mejor que puede hacer una mujer moderna es trabajar como un hombre y usar anticonceptivos; las religiones son un atraso; las tradiciones también; todo lo que no se puede medir y comprender racionalmente es superstición, magia y tontería; las medicinas tradicionales son supersticiones y no funcionan tan bien como las químicas porque no tienen fundamento científico comprobado en laboratorio; la Naturaleza es imperfecta, está llena de peligrosos virus y bacterias  y huele mal,  y menos mal que la ciencia y la química pueden mejorar tanta imperfección; la raza blanca es más inteligente que las demás y ha alcanzado logros que las otras razas, inferiores por primitivas y atrasadas, no han conseguido; el colmo de la cultura, la sabiduría y la educación se encuentra en las ciudades, el campo es atrasado, inculto, primitivo y aburrido. Esta es, en pocas palabras, la Historia de la Humanidad escrita en los manuales escolares y atornillada por generaciones de pedagogos sumisos que premian la repetición y castigan el espíritu crítico. Pero algo está cambiando, porque  ya no nos creemos que sea la única Historia posible. Algo dentro de nuestro ser nos dice que todo eso no es del todo cierto.
Yo también creo que el proceso histórico de la Humanidades el de la destrucción, sin prisa pero sin pausa, de su ser sagrado y de la destrucción de su vínculo con la Madre Tierra, proceso que se ha acelerado desde la II Guerra Mundial. Pero también creo que  antes estábamos en una ignorancia mayor, pues, por ejemplo, creíamos  a pies juntillas que Darwin era un geólogo y naturalista, y un gran científico que había descubierto LA VERDAD; o que vivíamos en una democracia porque cada cuatro años metemos un papelito en una urna. Algo está pasando que nos estamos dando cuenta de que vivíamos en una ilusión: nos está llegando la luz.                

Muchos se sienten abrumados por el panorama desolador de la realidad. Pero es soberbia e ingenuidad pensar que porque nos hemos dado cuenta, esto YA tiene que cambiar. Estas cosas son lentas pues se trata de un proceso que lleva desarrollándose varios miles de años, y el despertar debe ser experimentado por  cada uno en su propio ser. El proceso de destrucción del planeta y del hombre  es nuestro camino, triste o dramático, pero éste es. Si hubiera otro, ¿podríamos señalar  en la historia cuándo nos equivocamos y tomamos el camino malo? ¿En qué momento empezamos a hacerlo mal? No, no hay equivocación, sino errores que son necesarios para aprender, y en ello estamos, aprendiendo de nuestros errores. La Humanidad está aprendiendo que éste NO es el camino, que así no podemos seguir.

Pensar que hay unos malos muy malos que mandan y destruyen mientras la mayoría es buena y sufre, es el cuento victimista de siempre. No hay víctimas ni verdugos sino un proceso hecho de acciones y consecuencias. Esto ha sido posible porque la Humanidad es crédula, miedosa, cómoda y perezosa, y consiente porque prefiere que otros asuman la responsabilidad. Y esa pereza nos hace  poner un papelito en una urna cada cuatro años para después, con la conciencia de haber participado en la democracia,  cerrar muy fuerte los ojos con la ilusión de que esos otros que toman las decisiones y se ocupan de TODO, hasta de la educación de nuestros hijos, lo hagan TODO BIEN. Ya es hora de despertar y dejar de esperar que venga un líder que nos organice. Es hora de participar activamente en la gestión de la res publica y tomar responsabilidades.
La humanidad está donde está porque éste es su camino. Y estamos viviendo el principio del despertar. Ahora hay que apagar la televisión, desperezarse, lavarse la cara y empezar  a trabajar. Ya sólo que yo haya podido escribir esto y que tú, lector, lo estés leyendo, ya es un motivo para la alegría. Celebremos, pues, con gozo este camino hacia la transformación.

Prólogo a mi próximo libro: El Mito de Nuremberg.        



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