26.11.15

Hay sólo una vida y es compartida por todas las cosas vivientes.

EL EXTREMO DEL ARCO IRIS (Parte final)

     Existe un tiempo en nuestras vidas en que tenemos las más altas esperanzas, y el infinito parece estar a nuestro alcance. Luego la realidad claustrofóbica se acerca, y nuestras vidas comienzan a oxidarse. Los dulces días de la juventud se vuelven insoportablemente amargos, y se requiere o mucho dinero o una firme estructura de familia para sacar ese sabor de nuestras bocas. Por eso tantos, en particular soldados, se suicidan.

     El camino del mundo implica una carga pesada. Si no tenemos cuidado, los demonios pueden apoderarse de nosotros. Un modo de evitarlos es aferrarse febrilmente a alguna imagen del Todopoderoso, para cerrar nuestros ojos ante el circo del mundo, que está inundado de muerte injusta y enfermedades repugnantes.

     El otro modo es mirar sin ningún temor toda la mierda, para ver honestamente la locomotora de muerte que se dirige directamente hacia nosotros para empujarnos dos metros bajo tierra, y simplemente decir: confío en lo que el universo nos da. Nada que ha sido tan maravilloso como la vida real puede nunca ser malo. Por supuesto, a los inocentes en África y Asia les es más difícil aceptar esta filosofía cuando ellos a menudo son torturados y abusados cuando niños y mueren demasiado pronto para vivir una vida plena.

     Y luego está ESTA pregunta: ¿usted cree realmente, o usted sólo afirma que cree? (Se dice que ésta es la enfermedad de la duda que afecta a muchos sacerdotes que lo han sido durante mucho tiempo).

     Por extraño que pueda parecer, vendrá un día —y siempre viene demasiado pronto— donde usted realmente tendrá que creer. Sólo decir que usted cree no será suficiente para permitirle enfrentarse con el desafío colosal de su propio fallecimiento.


     Las religiones han hecho un caos del mundo al mentir sobre nuestros orígenes. Entre las palabras más tempranas alguna vez dichas estuvieron las explicaciones de cómo llegamos aquí. Hubo historias de cometas, dragones, gigantes, monstruos y extraterrestres, pero desde que los hebreos se involucraron y robaron su libreto de los egipcios, no hemos tenido sino dictadores competidores que prometen mutilar los órganos sexuales de sus seguidores y aniquilar a sus enemigos, lo que nos ha dado nuestro mundo de sangría perpetua que observamos hoy.

     Estos hipócritas han compuesto sus mentiras construyendo falsas fórmulas mágicas que nos convencen de que viviremos para siempre sólo si pronunciamos el rezo apropiado, si sacrificamos al dios correcto y si nos comportamos de la manera correcta. Ninguna de estas cosas es verdadera.

     Está perfectamente bien decir que no conocemos las cosas.

     En vez de comprender que somos los más poderosos y potencialmente los más beneficiosos de todos los seres en el universo, manifestamos que somos las criaturas más destructivas que hayan vivido alguna vez. Sólo observe la degradación que hemos provocado sobre el planeta. Todo porque tenemos miedo de admitir que moriremos, y que no sabemos lo que nos pasará entonces.

     Si una especie extraterrestre alienígena llegara a aventurarse en nuestra civilización y evaluara nuestra capacidad de merecer confianza sobre la base de lo que hemos hecho a nuestros congéneres de especie, ellos nos exterminarían inmediatamente.

     Y mereceríamos enormemente que nos lo hicieran.

     Matar a otros nos ayuda a mantener la ficción de que nunca realmente moriremos. En vez de ello, insistimos en que retornaremos, o que nos graduaremos en una realidad más alta. Como Buda tan claramente declaró, una vez que reconocemos que morimos, nuestras peleas cesan inmediatamente. La vida se convierte entonces en una tentativa compartida de consolarnos unos a otros puesto que moriremos realmente, y luego la bondad, la compasión y el entendimiento comienzan a reemplazar a la crueldad, el egoísmo y la depravación que están todos basados en el conocimiento suprimido de que morimos realmente, y nuestra cólera explota desde dentro porque ésta es nuestra situación.

     Insistir en que Dios nos ha concedido privilegios especiales ya no es aceptable en un mundo que evoluciona y que exige pruebas tangibles e irrefutables de que lo que decimos es verdadero.

     El reconocimiento de la inevitabilidad de la muerte es irónicamente el único modo en que podemos garantizar una paz que funcione en el planeta Tierra. Cuando vemos que la vegetación aparece y desaparece en sus estaciones, y nuestros compañeros animales por instinto saben cómo cuidar a sus jóvenes y viven sus vidas totalmente y sin miedo, así también debemos nosotros reconocer los términos restrictivos de nuestras existencias y dejar de tratar de demostrar que podemos vivir para siempre mediante palabras y fórmulas mágicas que resultan ser solamente aire caliente que es sumamente perjudicial y por lo general fatal para cada uno y para todo lo que está en todas partes cerca de ello.

     En nuestro terror primitivo no debemos oponernos a la fórmula de la Naturaleza de que nuestras vidas, nuestras encarnaciones, son configuraciones temporales. Debemos dar gracias por los regalos que nos han sido dados y planificar la comodidad y la seguridad de nuestros hijos, quienes harán lo mismo por sus descendientes.

     Pero entonces debemos pensar en algo más. En nuestro orgullo desmedido, ¿por qué nos hemos separado de todas las otras criaturas de este planeta y nos hemos aislado en una invención imaginaria separada donde los humanos son una clase de animales y todos los otros son especies menores, aunque ellos en su mayoría tengan dos ojos, dos oídos y sangre roja?.

     ¿No parece ridículo en algún grado que debiéramos preocuparnos sólo de nuestras propias condiciones de vida, aparte de las condiciones de vida de toda otra criatura en el planeta?. ¿Podríamos ser más estúpidos y egocéntricos? ¡No!.

     Lo cual nos lleva a una nueva idea radical que permite que nosotros consigamos un mayor entendimiento de nosotros mismos y de cómo podemos todavía sobrevivir y prosperar con una comprensión mayor de la vida que la que hayamos tenido alguna vez antes.

     ¿Cómo suena esto?: "Todo el ADN viviente hoy ha estado vivo desde la primera vida". http://www.onelife.com/onelife2.html

     Piense en ello. Porque para reproducirse, el ADN debe estar vivo. Usted desciende de ADN viviente. Y de igual forma cada otra criatura. Por lo tanto, el ADN nunca ha muerto. Desde el principio del tiempo. Usted está conectado con el principio del tiempo, porque el ADN tuvo que estar vivo para atravesar todos aquellos muchos miles de generaciones y finalmente conectarse con usted.

     Todas las cosas vivas hoy están vivas en virtud del ADN viviente en cada célula de sus cuerpos.

     Hay que entender que las formas de vida producidas por la vida son conceptuales y que es la vida misma la que impregna todas las cosas vivas, y toda vida es una y la misma.

     El ser humano es un producto de la vida, uno de muchos productos, no una entidad separada aparte de la vida.

     Somos un montón de tontos si pensamos que somos responsables de nuestro propio destino. La vida está a cargo de nuestro destino, una vida que nos creó a nosotros y a todas las otras formas de vida en el planeta. Todos provenimos de la misma fuente, y ésa es el ADN que nunca muere.

     Hay sólo una vida, y es compartida por todas las cosas vivientes.

     Escuche, y entienda.

     No es que el humano tenga que cuidar de toda otra vida como una obligación moral, aunque eso es ciertamente verdadero, sino que el humano es una pequeña parte de la vida, pero una que posee una característica (inteligencia) que es valiosa para la supervivencia y el bienestar de toda vida. Fue la vida la que desarrolló aquella inteligencia, no el humano, y por lo tanto su servicio es para toda vida, no simplemente para la humana. El ser humano es, en ese sentido, un sirviente de la vida, un cuidador al servicio de la vida, el buen pastor para toda vida.

     Hay sólo una vida, y somos una parte de ella. Crea usted sólo declaraciones demostrables y comience a entender que nuestras obligaciones son mucho más importantes que nuestras necesidades y deseos.

     Actúe al servicio de la vida, y desaparecerá la tontería de dioses imaginarios, la Tierra será restaurada a la salud, la vida prevalecerá, y prosperaremos.

     Estudie y entienda el vínculo, y las nubes de nuestra división se apartarán. El fracaso de ello resultará en un cataclismo social sin precedentes, a los signos de los cuales nos estamos enfrentando claramente hoy. Comprenda que al luchar contra todo otro, estamos luchando contra la vida misma, porque, de hecho, hay sólo una vida, y somos profundamente privilegiados de ser una parte de ella.

     Ésta es la olla con oro al final del arco iris que siempre hemos estado buscando. Abrácela y la mayor parte de los problemas del mundo desaparecerán justo delante de nuestros ojos.

por John Kaminski

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