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15.4.26

Medio planeta reza mirando hacia un país que no tiene que ver con su cultura original

 DIOSES DE IMPORTACIÓN                  

Mira, si eres cristiano, deberías saber que estás adorando al dios de los hebreos: el dios bíblico. Un dios tribal que pertenece a cierto grupo étnico del antiguo Medio Oriente. Porque el cristianismo, si no lo sabías, adoptó el mismo dios que durante siglos venía adorando el judaísmo: el dios de Israel, identificado como Yahvé. Jesús mismo era judío y practicaba el judaísmo, no el cristianismo, que todavía no existía. Él mismo se diferenciaba claramente de “los gentiles”, es decir, de los no judíos y los discriminaba, siendo también reconocido por miembros de otras comunidades como judío.

Y desde sus orígenes, ese dios judaico (que también adoraba Jesús) fue asociado a un pueblo específico del antiguo Levante. Por eso los textos más antiguos de la Biblia hebrea representan a Yahvé como el dios nacional, guerrero y protector de Israel, el pueblo que lo creó.

Mucho tiempo después vino Pablo de Tarso -quien también era judío, y quien se declaraba a sí mismo judío, educado bajo la guía del rabino Gamaliel y transformó una de las sectas mesiánicas de esa religión en un movimiento abierto a los “gentiles”, a los no israelitas, reinterpretando la figura de Jesús como cósmica y salvífica universal, y operando dentro del marco del Imperio Romano, lo que facilitó la expansión de esa variante doctrinal.

Por otra parte, si eres musulmán, estás adorando al dios concebido por Mahoma, un líder político árabe del siglo VII, miembro de los Quraysh en La Meca, actual Arabia Saudita. Originalmente el término "Alá" comenzó a usarse en la Península Arábiga para referirse a un supuesto dios supremo dentro del sistema politeísta que allí existía. Luego vino Mahoma, y en un contexto donde coexistían politeísmo árabe, judaísmo y cristianismo, articuló un monoteísmo radical bajo una doctrina que llamó islam, que significa “sumisión” (a Alá), y que sirvió como herramienta de unificación política de las tribus árabes. Ya unificadas, el islam adoptó después una visión expansionista, describiendo el Corán a Mahoma como una "misericordia para todos los mundos".

Y si eres budista, estás creyendo en una doctrina concebida por el guía espiritual de un grupo étnico llamado Sakya en el actual Nepal, quien vivió aproximadamente en el siglo V antes de nuestra era. Se llamaba Siddhartha Gautama, pero llegó a conocerse como Buda, que quiere decir “iluminado”. Se trata de una doctrina que no era originalmente teísta, puesto que no requiere la creencia en un dios creador para alcanzar la iluminación (nirvana). Aunque tampoco está exenta de pensamiento mágico-religioso, porque incluye cosmologías, reencarnación y entidades celestiales en muchas de sus formas históricas. Buda predicó en el valle del Ganges, pero sus enseñanzas sobre el cese del sufrimiento (las Cuatro Nobles Verdades) se plantearon como conceptos universales para la condición humana.

Así que, como ves, estas tres grandes religiones son originalmente de tres lugares específicos del continente asiático: Israel, Arabia Saudita y Nepal. Y la intención de sus creadores, habría sido inicialmente divulgar esas doctrinas en esos lugares. Entonces te pregunto: ¿De dónde eres tú? Si eres de un país europeo, americano, africano o de Oceanía. ¿qué haces adorando dioses asiáticos y creyendo en sus doctrinas? Incluso si eres de otro país asiático como China, Japón, Tailandia, Myanmar, Camboya, ¿qué haces siguiendo una religión de Nepal? O si eres de otro país asiático como Indonesia, Malasia, Brunéi, Irán o Turquía, ¿qué haces practicando una religión árabe? ¿Ya te diste cuenta de que estás adorando dioses ajenos?

Y es que las religiones nacen en coordenadas geográficas muy concretas. Tienen clima, paisaje, lengua materna, y hasta acento cultural propios. Sin embargo, hoy miles de millones de personas adoran dioses surgidos a miles de kilómetros de su tierra natal, y que no tienen absolutamente nada que ver con su cultura original… sin que eso les genere la más mínima sospecha.

En efecto, la religión es un fenómeno geográfico. La historia nos muestra que cada pueblo de la Tierra desarrolló su propio sistema religioso: en la Mesoamérica prehispánica, las civilizaciones crearon religiones profundamente vinculadas al maíz, al calendario solar y a la guerra ritual. Y sus dioses hablaban náhuatl o maya, no hebreo ni árabe, y mucho menos māgadhī, el dialecto indoario que probablemente hablaba Buda. Mientras que en la Europa nórdica los dioses escandinavos eran guerreros, tormentosos, asociados al frío, a la batalla, y al destino inevitable. Nada que ver con el desierto de Judea o Arabia, ni las montañas del Himalaya, y nada que ver con teologías sobre pecado y supuestas salvaciones.

Ocurre sin embargo que algunas religiones rompieron el molde tribal y cruzaron fronteras, porque en algún momento decidieron que su mensaje no era local, sino universal. Y esto pasó con el budismo, el cristianismo y el islam… Pero, ¿cómo conquistaron nuevos pueblos? Obviamente la expansión no fue mágica ni espontánea: el cristianismo creció decisivamente al ser adoptado por el Imperio Romano, mientras que el islam se expandió junto con las conquistas árabes, y el budismo viajó por rutas comerciales bajo patronazgo imperial.

Sin embargo, además, algunas promesas psicológicas universales contribuyeron a esta expansión. Conceptos como una salvación individual, una vida eterna, una justicia cósmica o una identidad supranacional, resultaron atractivos en sociedades complejas y multiculturales.

Y ocurrió entonces algo muy interesante: al llegar a Europa, el cristianismo absorbió festividades paganas y símbolos locales; así como el islam, al expandirse hacia Persia y Turquía, se impregnó de tradiciones culturales previas, y el budismo, al llegar a China, se fusionó con corrientes filosóficas autóctonas. Pero ninguna de estas religiones destruyó totalmente lo anterior; lo reconfiguró. Es decir: el dios importado aprendió el idioma local.

Como resultado, se produjo un fenómeno llamativo y a la vez irónico: un europeo moderno reza ahora a un dios perteneciente al antiguo Levante, mientras que un latinoamericano celebra festividades nacidas en el Mediterráneo oriental, y un iraní de ricas raíces persas es ahora musulmán fundamentalista, y se somete totalmente a una tradición surgida en Arabia. Después de que la cultura persa fue pilar de la civilización: su legado incluye el zoroastrismo, una de las religiones monoteístas más antiguas (fundada hace más de 3.000 años), que influyó en conceptos como “cielo”, “infierno” y “juicio final” en el judaísmo, cristianismo e islam. Sin embargo, terminó sucumbiendo ante el islam.

¿Y por qué nadie siente que adora a un dios extranjero?  Porque la religión, una vez implantada, se convierte en identidad. Así, un mexicano cristiano no siente que adora al dios de un antiguo pueblo semita; siente que éste forma parte de su tradición familiar. Y un turco musulmán no percibe el islam como algo ajeno, sino que lo vive como parte de su historia nacional. Todo por una transmisión que comienza en la infancia, antes de que exista el análisis crítico, porque cuando algo se aprende como verdad desde los primeros años, deja de percibirse como importación cultural.

O sea, desde la antropología cultural, el fenómeno es claro: las religiones nacen en contextos geográficos concretos, pero aquellas que se consideran “universales” terminan imponiéndose gracias al poder político, a la adaptabilidad de las personas y de las mismas religiones, y al atractivo psicológico. Sin embargo, eso que hoy parece universal, fue en su origen profundamente local.

Al final lo extraño no es que cada pueblo haya creado sus propios dioses, lo verdaderamente curioso es que hoy medio planeta rece mirando hacia otro lado; hacia un lejano país que no tiene nada que ver con su cultura original.

Godless Freeman

https://astillas4.blogspot.com/2026/04/dioses-de-importacion.html  

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