¡VIVIR O NO VIVIR, LA ÚNICA CUESTIÓN!
Uno de los dolores de cabeza más grandes de ser humano es, al mismo tiempo, la cosa más sencilla del mundo.Estamos vivos, sí, respirando y todo, pero se nos va una
buena parte de los días sin vivir de verdad. El cuerpo anda por aquí,
barriendo, trabajando o no haciendo nada (lo más peligroso), pero la cabeza… la
cabeza anda volando quinientos kilómetros más allá.
Nos la pasamos regresando al pasado como disco rayado. Que si me equivoqué ayer, que por qué dije aquello, que lo que perdimos, que las oportunidades que dejamos ir.
Salimos de ahí, nada más que para brincar al futuro, que ni
existe todavía. Dándole vueltas a qué vamos a hacer mañana, si nos alcanzará el
dinero, si la salud, los niños, el país, las bombas atómicas que todos amagan y
nadie se anima (porque a nadie le conviene) y el mundo entero… con todos sus
teatros al “rojo vivo”.
Podemos pasarnos años enteros esperando a que llegue “ese
día” o “ese momento” que por fin le dé sentido a nuestra existencia ¿Y mientras
tanto? ¡Por fin sé lo que quiero gritó uno que me consultaba! Después de 70
años de depresiones constantes. Demente, por cierto.
La vida sigue pasando, con la sangre llena de Cortisol y
Adrenalina y la rumiante Red Neuronal por defecto, gastando energía a lo
bestia, más que trabajando con pico y pala. Entonces envejecemos rápido y
enfermamos seguido, porque sistema inmune, estás en modo “Estrés Crónico”, con
todo y “ataques de pánico”.
El pasado fue real, claro que sí. Pero cuando pasó, lo hizo en
presente. Y el futuro tal vez sea real algún día, pero cuando llegue, va a
volver a ser presente.
Ahí te va la paradoja: toda nuestra vida ocurre en el mero
presente, y sin embargo, nuestra mente se empeña en sacarnos de él a la fuerza.
Sí, ya lo sé, tampoco es que podamos estar el cien por
cien del tiempo con el “ojo en la mira” listos para pegar en el centro de la
Diana. El cerebro viene así de fábrica: recuerda, imagina, hace planes y se
distrae. De eso se encarga esa famosa Red Neuronal por Defecto, de traernos de
un lado para otro en nuestra propia cabeza.
Pero una cosa es no poder estar todo el tiempo con la mente
en su lugar, y otra muy distinta conformarnos con vivir apenas el uno por
ciento del tiempo despiertos.
Es ahí donde empieza el entrenamiento:
Parar un poco a la locura y poner atención a los sentidos.
Ver las cosas sin juzgar. Buscar la congruencia. Meterle ganas a lo que se
hace.
A veces “dividir la atención”, otras veces entrar en ese
modo FLOW, donde fluyes bonito.
Son caminos distintos para aprender algo bien sencillito:
volver.
Volver a lo que estamos haciendo
Volver a sentir.
Volver a escuchar.
Volver a mirar.
¿Puede explotar una bomba atómica mañana? Puede. Pero hasta
el momento los USA fueron los únicos inhumanos.
¿Puede pasarnos una desgracia? Sí, es posible. Pero en este
preciso instante no está pasando.
¿Puede venir algo buenísimo? También. Pero tampoco ha
llegado todavía. Tranquilo… ¡Relájate y regresa al presente! Te enseño como se hace.
Adquirir el hábito depende de ti, pero no se trata de estar 30 años en un
monasterio Taoísta, Zen o Budista, todos buscan fluir con la vida en total
presencia.
No se trata de hacernos los locos con el futuro ni de borrar
el pasado, porque al final de cuentas de ahí aprendemos y planeamos. Se trata
de no dejar que lo que no está pasando nos quite lo que sí está pasando en el
aquí y el ahora.
Porque va a llegar un momento en el que ya no vamos a tener
más presentes.
Y ahí es donde nos vamos a dar cuenta de que el verdadero
dilema nunca fue si nos morimos o no nos morimos.
El dilema estuvo antes: VIVIR O NO VIVIR.
Tenemos una pequeña oportunidad de andar por aquí, con todas
las penas y glorias que trae la vida. Que no nos agarre la “parca”, con la
mente en otra parte.
https://maestroviejo.blog/vivir-o-no-vivir-la-unica-cuestion/

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