LOOSH O AMOR
De niño, me preguntaba por qué mis padres se entretenían
leyendo el periódico matutino, hablando en voz baja de guerras, crímenes y
tragedias en la mesa de la cocina. Cuando preguntaba por qué esas historias siempre
parecían dominar los titulares, me decían: «Si sangra, vende». Esa
frase se me quedó grabada, no solo como un comentario sobre las prioridades de
los medios, sino como una lección temprana sobre adónde tiende a dirigirse la
atención humana.
Con el tiempo, se hizo evidente que la atención no es neutral. Aquello en lo que nos centramos repetidamente, individual y colectivamente, alimenta algo. La cuestión no es si la oscuridad existe en el mundo, sino qué elegimos nutrir.














