LAS ÉLITES AISLADAS
Cómo el pueblo llano aprendió a mirar al horizonte sin
ellas
Ya lo decían los viejos del lugar: que el que se sube muy
arriba, o se vuelve pájaro o se olvida de la tierra. Las élites de ahora, que
no son de sangre ni de blasón, sino de despacho y de pantalla, han hecho isla.
Se encerraron en sus torres de cristal, y desde allí miran al común de los
mortales como si fuésemos hormigas en un camino de carros, algo que estorba o,
a lo sumo, una curiosidad entomológica.
Desprecian, sí. No con el gesto altivo del hidalgo pobre, sino con la indiferencia del técnico que sabe que la pieza sobra. Y el pueblo, ay, el pueblo, que espera limosna de quien le niega el pan, se empeña en pedir justicia a quien dicta la injusticia.










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