NI ESTABLO NI MATADERO
El contrato social ha muerto, es hora de la desobediencia
civil
Empecemos por lo obvio, aunque escueza: el pueblo nunca
gobernó. No en Atenas, no en 1789, no hoy. Lo que llamamos democracia
representativa es un teatro de títeres donde cada cuatro años cambias de
muñecos o marionetas, pero el teatrillo sigue siendo el mismo. El sistema se
sostiene sobre una catedral corrupta que se alimenta del caos controlado:
medios, universidades y burócratas forman un ecosistema que no busca la verdad,
sino gestionar el descontento. Izquierda y derecha son dos alas de la misma ave
rapaz. Cuando votas, no eliges entre libertad y opresión; eliges entre dos
variantes de la misma domesticación.
El contrato social ilustrado ha expirado. Rousseau y Locke soñaron con ciudadanos libres; nosotros hemos heredado contribuyentes asustados.

















