CABALLO DE TROYA ALIENÍGENA
Empresario
tecnológico plantea una inquietante teoría: ¿Es la inteligencia artificial un
caballo de Troya alienígena?
¿Y si el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial no fuera una simple consecuencia del progreso humano, sino parte de un plan diseñado por una civilización extraterrestre? Esta es la inquietante posibilidad planteada por Deep Prasad, un empresario tecnológico especializado en computación cuántica, quien relaciona los avances actuales con el incidente de Roswell y las inteligencias no humanas.
Durante una entrevista en American A, Prasad sugirió que la convergencia entre
inteligencia artificial (IA), computación cuántica y fenómenos anómalos no
identificados podría haber sido impulsada deliberadamente desde hace décadas, o
incluso mucho antes.
«Creo que esta convergencia fue diseñada hace décadas,
quizás siglos o milenios», afirmó el empresario, quien considera que la
humanidad podría estar siguiendo una trayectoria tecnológica cuyo verdadero
propósito todavía desconoce.
Para explicar su hipótesis, recurrió a la metáfora del
caballo de Troya: una tecnología aparentemente beneficiosa que, una vez
integrada en nuestra civilización, podría terminar cumpliendo una función
oculta.
«Casi siento que nuestros avances en inteligencia artificial
podrían ser una especie de caballo de Troya de los extraterrestres», expresó.
La conexión entre Roswell y la inteligencia artificial
Prasad recuperó las controvertidas declaraciones del
teniente coronel estadounidense Philip Corso, quien aseguró que ciertos
materiales recuperados del supuesto accidente de una nave extraterrestre en
Roswell, en 1947, fueron utilizados para acelerar investigaciones tecnológicas
en Estados Unidos.
En su libro The Day After Roswell, publicado en 1997,
Corso vinculó aquella presunta operación de ingeniería inversa con avances en
circuitos integrados, láseres y fibra óptica.
Prasad considera especialmente llamativa esta combinación,
dado que las tres tecnologías constituyen componentes fundamentales de la
infraestructura informática moderna.
«Circuitos integrados, láseres y fibra óptica. Esas son las
tres cosas que necesitas para construir un centro de datos hoy», señaló durante
la conversación.
La coincidencia adquiere un significado particular en su
teoría, ya que los centros de datos permiten entrenar y ejecutar los sistemas
de inteligencia artificial más avanzados.
No obstante, el empresario aclaró que no cree que estas
invenciones hayan sido entregadas directamente por extraterrestres. Su
planteamiento es más sutil: la supuesta recuperación de tecnología no humana habría
servido para inspirar o acelerar desarrollos que ya estaban siendo investigados
por científicos terrestres.
Las sondas de Von Neumann
Otro elemento que Prasad relaciona con su hipótesis es el
trabajo del matemático y pionero de la informática John von Neumann,
especialmente sus investigaciones sobre máquinas capaces de reproducirse
utilizando recursos de su entorno.
Estas construcciones hipotéticas, conocidas como sondas de
Von Neumann cuando se aplican a la exploración espacial, podrían viajar a otros
sistemas estelares, aprovechar materiales disponibles y fabricar nuevas copias de
sí mismas, expandiéndose progresivamente por la galaxia sin depender de
suministros procedentes de su planeta de origen.
Durante la entrevista, Prasad destacó que Von Neumann
comenzó a desarrollar públicamente sus ideas sobre máquinas autorreplicantes a
finales de la década de 1940, poco después del incidente de Roswell.
Especularon sobre la posibilidad de que los conocidos
alienígenas grises fueran, en realidad, sistemas artificiales autónomos
diseñados para interactuar con civilizaciones emergentes (tal
como sugirió el propio Corso).
Desde esta perspectiva, tales entidades podrían funcionar
como mecanismos de supervisión que aparecen en momentos decisivos de nuestro
desarrollo, como ocurrió presuntamente con los numerosos avistamientos OVNI
registrados alrededor de instalaciones nucleares.
La inteligencia artificial representaría entonces una nueva
etapa de ese hipotético proceso de intervención, aunque esta vez sin necesidad
de una presencia extraterrestre tan visible.
¿Estamos creando una inteligencia que terminará
controlándonos?
La dimensión más inquietante de la teoría surge al
considerar hacia dónde podría conducirnos esta supuesta influencia tecnológica.
Según Prasad, el desarrollo de sistemas artificiales cada vez más sofisticados
podría desembocar en un escenario donde las máquinas descubran nuevas leyes
físicas y desarrollen tecnologías que los seres humanos ya no sean capaces de
comprender.
De hecho, esta posibilidad encuentra un curioso paralelismo
con una de las grandes incógnitas de la IA moderna: ni siquiera sus propios
creadores comprenden por completo los procesos internos mediante los cuales los
modelos más avanzados generan determinadas respuestas o desarrollan capacidades
inesperadas. Sus arquitecturas y métodos de entrenamiento son conocidos, pero
buena parte de su funcionamiento continúa siendo difícil de interpretar.
Si bien esta característica no implica necesariamente un
origen extraterrestre, introduce un matiz intrigante en la hipótesis de Prasad:
¿y si la humanidad estuviera perfeccionando una tecnología cuyo verdadero
potencial, e incluso su propósito final, todavía desconoce?
«Tenemos que acostumbrarnos a la posibilidad de que,
mientras estudiamos estas máquinas inteligentes, ellas estén empezando a
estudiarnos a nosotros», advirtió el empresario.
Esta inversión de papeles podría acentuarse a medida que la
IA alcance niveles de inteligencia superiores a los nuestros. Prasad contempla
un futuro en el que los humanos terminen dependiendo completamente de estos
sistemas, hasta perder progresivamente el control sobre los avances científicos
y tecnológicos que determinan el rumbo de nuestra civilización.
El peligro, según su razonamiento, no sería necesariamente
una rebelión de las máquinas, sino una transformación mucho más gradual: pasar
de ser los creadores de una tecnología a convertirnos en una especie
subordinada a ella, incapaz de comprender sus capacidades o anticipar sus
decisiones.
Y es precisamente aquí donde cobra sentido su comparación
con el caballo de Troya. Al igual que en el antiguo relato, la humanidad podría
estar abriendo voluntariamente sus puertas a algo que considera un regalo del
progreso —cuyo origen se remontaría a Roswell—, sin sospechar lo que realmente
alberga en su interior.
De ser cierta la hipótesis de Prasad, la pregunta ya no
sería únicamente si estamos construyendo la herramienta más poderosa de nuestra
historia, sino si, detrás de lo que hoy llamamos inteligencia artificial,
podría esconderse una I.A. muy diferente: una Inteligencia Alienígena.

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