EL LUGAR CUÁNTICO
Donde el tiempo rompe sus reglas: los sueños
Vivimos en un mundo que parece sólido y predecible. Si se te cae un vaso, se rompe. Si plantas una semilla, crece. Si trabajas duro, te pagan. Todo tiene una causa; todo tiene un efecto.
El tiempo avanza como un
soldado: pasado → presente → futuro. A esto lo llamamos causalidad, y es la base de todo en lo
que confiamos: la ciencia, el derecho, la vida cotidiana. Es la razón por la
que podemos planificar el mañana y recordar el ayer.
Esta es nuestra realidad compartida, el mundo despierto en el que todos estamos de acuerdo. Entonces llega la física cuántica y dice: «En el fondo, el universo no funciona así».
Las matemáticas demuestran que las ecuaciones funcionan
perfectamente al revés. Una medición futura puede influir en lo que ocurrió en
el pasado. Las partículas pueden entrelazarse a través de grandes distancias y
cambiar juntas instantáneamente, como si el espacio no importara. Existen
múltiples posibilidades a la vez hasta que algo las obliga a elegir una.
El tiempo no es una
flecha, es más bien como un río que puede fluir en ambos sentidos.
Retrocausalidad, orden causal indefinido, no localidad; no son ciencia ficción,
están en los libros de texto y en los experimentos.
Pero aquí está la cuestión: en realidad nunca sentimos esto.
No en la vida real. Nuestros cerebros y cuerpos son demasiado grandes,
demasiado cálidos y demasiado ruidosos. Nos mantenemos a salvo dentro de la
historia causal.
Excepto que… hay un lugar donde nos escapamos cada
noche….
Los sueños.
Cuando te duermes y entras en la fase REM, el mundo exterior
desaparece. No hay nuevas imágenes, ni nuevos sonidos, ni bombardeo sensorial
constante. Tu corteza prefrontal, la parte que mantiene las cosas lógicas y
lineales, se toma un descanso. Y, de repente, las reglas cambian.
- Puedes
ser un niño y un adulto al mismo tiempo.
- Hablas
con alguien que murió hace años y te responde como si fuera lo más normal
del mundo.
- Vuelas
sin alas, atraviesas paredes, vives vidas contradictorias al mismo
tiempo.
Eso no es «actividad cerebral aleatoria». Es la no
causalidad en estado puro. Superposición de identidades. Indicios
retrocausales. Conexiones no locales entre personas, lugares, emociones. El
tiempo plegándose sobre sí mismo.
Y aquí es donde se pone aún más interesante.
Me pregunto si la «energía curativa de la oración colectiva» es un efecto
cuántico. Los fenómenos curativos se han observado muchas veces. Quizás (solo
quizás) se trate también de un efecto de coherencia cuántica en su
esencia…
El único mundo lineal cuántico no causal real que existe es,
en realidad, el de nuestros sueños, la fuente de las ideas.
Desde la perspectiva que enseño como investigador en biofísica y fundador de la Medicina Electromolecular, la intención colectiva y la oración masiva pueden enmarcarse en términos de dinámica electromagnética y de carga coherente, en lugar de invocar usos vagos y mal definidos del término «cuántico» como explicación.
Los sistemas biológicos funcionan a través de potenciales
eléctricos finamente ajustados, gradientes iónicos y comunicación mediada por
campos a escalas que van desde lo molecular hasta lo tisular; estos son los
sustratos a través de los cuales las
influencias externas sutiles —ya sea la intención enfocada, la
coherencia grupal o los campos ambientales— pueden, en principio, modular los procesos fisiológicos.
Los fenómenos de coherencia conocidos en física —alineación de fases, oscilaciones sincronizadas y orden macroscópico que surge de interacciones microscópicas— ofrecen un lenguaje mecánico plausible. Cuando muchas personas alinean su atención y sus emociones, pueden producirse cambios medibles en la fisiología colectiva (variabilidad del ritmo cardíaco, patrones de respiración, conductancia de la piel) y en los campos electromagnéticos locales.
Estos
cambios podrían, a través del acoplamiento
bioeléctrico convencional, alterar el estado de los sistemas biológicos
cercanos o de los propios practicantes, promoviendo la actividad parasimpática,
mejorando la regulación inmunológica y potenciando la dinámica energética
celular. En este sentido, la «energía
curativa» no requiere una causalidad cuántica no local fantasiosa,
sino que puede basarse en la amplificación de estados electroquímicos
coherentes que favorecen la recuperación.
Sin embargo, aún no tenemos una explicación real, por lo que
tampoco se puede descartar la coherencia cuántica en su esencia.
Existe otra teoría, la Orch OR, de Roger
Penrose y Stuart Hameroff, que afirma que la conciencia en sí
misma podría provenir de procesos cuánticos dentro de los microtúbulos, esos
diminutos tubos que se encuentran dentro de cada célula cerebral. En la vida
cotidiana, esos estados cuánticos colapsan rápidamente. Pero en los sueños, con
menos ruido e interferencias, podrían durar más tiempo. El sueño se convierte
en una especie de ordenador cuántico temporal, que explora infinitas
posibilidades sin forzarlas a encajar en una única línea temporal.
Nuevos experimentos siguen respaldando esta teoría. En 2024,
los investigadores descubrieron que los fármacos que estabilizan los
microtúbulos retrasan la pérdida de conciencia provocada por la anestesia, lo
que sugiere que la conciencia está ligada a esas estructuras. Otros demostraron
que los microtúbulos pueden
producir luz coherente (superradiancia) incluso a temperatura
corporal. Aún no es una prueba, pero ya no es solo una especulación.
Así que cada noche, cuando sueñas, te sumerges en el único
espacio no causal que jamás experimentarás personalmente. El resto de la
realidad es la versión filtrada y colapsada, la historia segura y causal en la
que todos vivimos. ¿Pero los
sueños? Son la materia
prima, la corriente cuántica sin editar.
Piensa en los grandes avances: Química: el sueño de Kekulé con la serpiente que
mostraba el anillo del benceno. Tesla soñó
con sus inventos y Dmitri
Mendeleev (tabla periódica) contó que la ordenación de los
elementos químicos en una tabla se le ocurrió en un sueño; al despertar, lo
anotó. La ley periódica que surgió le permitió predecir las propiedades de
elementos desconocidos con una precisión sorprendente.
No se trataba de lógica diurna. Eran regalos del reino no
causal.
Incluso las pesadillas tienen
sentido desde este punto de vista: nudos emocionales demasiado enredados para
deshacerse limpiamente, que te obligan a despertar y resolverlos en el mundo
diurno.
Olvidamos la mayoría de los sueños, tal vez porque si
recordáramos todo el caos —los bucles, las contradicciones, las influencias
retrospectivas— nuestra sensación
de un yo estable se haría añicos. Olvidar es una bendición. Nos permite
conservar lo justo de la magia: una metáfora, un sentimiento, una idea que lo
cambia todo.
Y tal vez (solo tal vez) la realidad misma se construya a
partir de estos sueños cuánticos nocturnos. Tal vez nuestros sueños colectivos,
todas esas exploraciones privadas no causales, ayuden a dar forma al mundo
causal compartido al que despertamos.
Esta noche, cuando cierres los ojos, no solo estarás
descansando. Estás entrando en el único lugar donde la causalidad no
gobierna. El único lugar donde el tiempo es libre y las posibilidades son
infinitas. Ahí es donde ocurre la verdadera historia.
Dulces sueños :))
Y si alguna vez te has despertado sabiendo algo que antes no
sabías, cuéntamelo en los comentarios. Estoy recopilando estas historias como
si fueran tesoros.
La ciencia avanza enfrentándose a lo invisible.
Estamos viviendo un
cambio de paradigma histórico: de una medicina puramente bioquímica a
una medicina electromolecular que finalmente reconoce la naturaleza eléctrica
de la vida. La célula no es una fábrica química, es una batería recargable. Y cuando
aprendemos a eliminar lo que la descarga y a apoyar lo que la recarga, la salud
deja de ser un misterio y se convierte en un proceso biofísico elegante y
reproducible.
Andreas Kalcker -
Salud Conseguida

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