UNA VERDAD INCÓMODA
QUE NADIE QUIERE RECONOCER
El ser humano nació libre, pero todo se complicó en el
momento que aceptó que un ser humano gobernara sobre otro. Porque, lo mires por
donde lo mires, un ser humano que ansía gobernar a otro es un tirano que no
merece ningún respeto.
Nuestra civilización no tiene nada de civilizada, no es más que una tiranía, ejercida por unos cuantos, para garantizar que los ricos y poderosos sean cada vez más ricos y poderosos y los pobres más pobres, indefensos e ignorantes.
Cualquiera que haya seguido mis artículos sabrá que el poder
no es santo de mi devoción. Los políticos, las fuerzas de orden público, el
ejército, el gobierno, las organizaciones gubernamentales y todo lo que tenga
que ver con el poder me da nauseas. De hecho, no he votado en mi vida y no
puedo entender cómo hay gente que lo haga. Para mí, los políticos –sin
excepción- son lo peorcito de cada país. Por eso aborrezco la política, y estoy
harto de que todo lo encasillen en su estúpido espectro ideológico izquierda-derecha.
Evidentemente, habrá mucha gente que no comparta mi opinión.
Pero una cosa son las opiniones y otra los hechos. De por sí, toda la gente que
sigue los mandatos del gobierno lo hace por alguna de estas tres razones:
miedo, comodidad o ignorancia.
Pondré un ejemplo reciente. El Gobierno de España ha
impuesto la obligatoriedad de llevar en el coche la baliza V16 (una luz naranja
intermitente para colocar en el techo del coche cuando sufres una avería o
accidente). Lamentablemente, la mayoría de los conductores se apresuraron a
comprarla antes del 1 de enero de 2026, que es cuando entró en vigor la
obligatoriedad de llevarla. Y lo han hecho sin cuestionar siquiera su utilidad,
ya que poner una luz naranja intermitente en el techo del vehículo, cuando
tienes dos luces naranjas intermitentes delante y otras dos detrás que se
accionan apretando un botón desde el interior del habitáculo, no sé qué sentido
tiene.
Sin embargo, la gente ha comprado la absurda baliza (o no
tan absurda) por miedo a que le sancionen, por la comodidad que le supone
cumplir con la norma para evitarse problemas o por la ignorancia de lo que
verdaderamente significa portar la baliza V16 que, entre otras cosas, al
activarla revela tu ubicación a la DGT, y probablemente a alguien más.
Bueno, pues lo mismo que la gente ha aceptado sin rechistar
la estúpida baliza acepta todo lo demás. Bajo mi punto de vista, no sé cómo
puede soportar a un gobierno cada vez más autoritario, a unas fuerzas armadas
represivas que no le protegen de nada y a ricos hacerse cada vez más ricos a su
costa. Si a esto le sumamos su apatía ante la injusticia y la corrupción,
tenemos al idiota perfecto, que es lo que quiere el sistema. Así que no es de
extrañar que la gente termine mentalmente enferma o se vuelva cada vez más
miserable. Creo que, en el fondo, sabe que es cómplice de este “sarao”, pero no
quiere oír hablar de ello.
Dicho esto, deberíamos preguntarnos: ¿esto es todo lo que
nuestros gobiernos pueden hacer por nosotros? ¿Es todo lo que tienen para ofrecernos?
Entonces, ¿por qué les hacemos caso?
Evidentemente, los gobiernos no tienen el control, el
control lo tiene gente muy poderosa que está por encima de ellos. Esto ya
debería saberlo cualquier persona con dos neuronas en el cerebro que le
funcionen. Por otro lado, tampoco hay que ser ninguna lumbrera para saber que
el sistema está amañado y los abusos de poder son parte integral del mismo.
Todos los políticos son por definición narcisistas,
egocéntricos, megalómanos, mentirosos compulsivos e incluso hay algunos
psicópatas entre ellos. Ante esta realidad, ¿somos conscientes en manos de
quiénes estamos?
La creencia generalizada de que vivimos en una democracia,
con los supuestos derechos y obligaciones que ello conlleva, son la clave para
conseguir la indolencia generalizada de la población. Luego están las
narrativas prefabricadas por los medios de comunicación, cuya única función es
legitimar el estado actual de las cosas. El resultado: una sociedad apática
dispuesta a tragar con todo.
Es obvio que nunca saldremos de este atolladero votando, ya
que llevamos demasiado tiempo haciéndolo sin ningún resultado. Votas al partido
azul, y el partido azul pasa de ti y hace lo que le da la gana. Votas al
partido rojo, y el partido rojo hace lo mismo. Entonces vuelves a votar al
partido azul y vuelta a empezar.
La única salida a esta pesadilla es que la gente use su
inmenso poder numérico para forzar un cambio real. Nosotros somos muchísimos
más que ellos, y lo saben. Esto es lo único que temen de nosotros. Porque por
mucha represión que ejerzan no pueden con todos. Saben que encarcelarnos o
asesinarnos a todos no es posible. Y saben también que si nos unimos y
persistimos somos invencibles. Por eso su obsesión es dividirnos (izquierda vs
derecha, blancos vs negros, cristianos vs musulmanes, comunistas vs fascistas,
etc.).
Aunque nos cueste creerlo, podemos bajarles de su poltrona
cuando queramos. Como ya he dicho, somos demasiados y ellos muy pocos.
Simplemente (ya sé que no es tan simple) tenemos que unirnos (palabra clave) y
decirles que se vayan. Y entonces lo harán, ya que eso significaría que
ejército, policía, y todas las instituciones -que no olvidemos están compuestas
por gente del pueblo- estarían de nuestro lado.
La pregunta es: ¿queremos acabar con el establishment o
seguir soportando un “Efecto Cantillon” permanentemente? (El “Efecto Cantillon”
es una teoría económica que explica cómo la creación de nuevo dinero por un
banco central (inflación) no afecta a todos por igual: siempre favorece a los
ricos y perjudica a los pobres).
Es un hecho incontestable que la verdadera fuerza del poder
reside en la debilidad del pueblo: el poder está compuesto por una minoría
lista y organizada, mientras que las masas ignorantes, miedosas y torpes están
divididas y nada organizadas. Por cierto, cuando se dice eso de que “el
pueblo no es tonto”, es mentira: el pueblo es extremadamente tonto.
Sólo cuando entendamos esta realidad podremos cambiar las
cosas. Sin embargo, he de decir que no es tarea fácil, ya que la educación tan
increíblemente deficiente que hemos recibido nos da justo los conocimientos
necesarios para pasar el día. De hecho, el nivel de ignorancia, ingenuidad y
estupidez de la mayoría de los 8.000 millones de personas que habitamos el
planeta es enorme. Y esto se acentúa aún más cada día a través del Smartphone,
la televisión y la inteligencia artificial: el Smartphone tiene idiotizada a la
población más joven, la televisión amedrentada a la gente mayor y la
inteligencia artificial engañados a los dos.
Probablemente, habrá quien se dé por aludido, se ofenda y
asegure que él ni es tonto ni un ignorante. Me alegro por él. Es más, me
atrevería a decir que la gran mayoría de la gente se cree muy lista y nada
ignorante. Si verdaderamente es así, ¿cómo se entiende que una minúscula
minoría acapare el 90% de la riqueza del planeta? Y la pregunta clave: si la
gente es tan lista, ¿por qué se deja gobernar por un puñado de mediocres?
Que nadie se me ofenda, pero la verdad es que generaciones
enteras llevamos siendo completamente adoctrinadas y embrutecidas, hasta haber
conseguido que vivamos un vacío intelectual y unos niveles de ignorancia que
nos han conducido a una indiferencia generalizada. Ante esto, ¿qué se puede
esperar?
Esta es la verdad incómoda que nadie quiere reconocer.
Mientras no la reconozcamos, no seremos conscientes del verdadero poder que
tenemos si nos unimos. Por cierto, “unidos” significa “juntos”, que no
“revueltos”. Podemos ser diferentes, pensar diferente y unirnos para evitar ser
gobernados por nadie, ya que el error más grande que ha cometido el ser humano
ha sido el de dejarse gobernar.
https://pepeluengo2.blogspot.com/2026/01/una-verdad-incomoda-que-nadie-quiere.html

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