24.7.26

Para ser felices y vivir en paz, hay que extirpar esa infección que sufrimos por inacción

© EL NEGOCIO DE PRENDER FUEGO       

Llega el verano y los incendios efectúan puntualmente acto de presencia como si fuera una consecuencia natural del calor ambiental.

De siempre, que yo recuerde, los incendios tienen mayor tendencia a producirse cuando se dan las condiciones de sequía y altas temperaturas.

De siempre han existido personas con instinto pirómano: alguna por pura diversión y otras para hacer daño al vecino. En ambos casos, potenciales clientes de psicólogos.

La cuestión de un tiempo a esta parte son los incendios 'programados' con el objetivo de 'desbrozar' espacios donde se ha previsto erigir algún negocio: urbanización, paneles fotovoltaicos, aerogeneradores, campos de golf...

Aparte de juzgar con severidad extrema a los causantes materiales del delito, se debe actuar sobre los 'beneficiarios' de los 'solares' disponibles después del incendio.

Una fórmula que a simple vista podría ser un freno al crecimiento de esta malvada modalidad de conseguir terreno sería la prohibición taxativa de poder implantar ninguna instalación con ánimo de lucro antes bien la obligación de reforestarlo e indemnizar a todos los perjudicados.

Algo que ya se ha hecho evidente, incluso para quienes no siguen la evolución social, es la impunidad de una clase elitista a la que no le duelen prendas para alcanzar sus propósitos.

La dura realidad es que estamos solos -la gente de a pie- para enfrentarnos a todas las maldades que padecemos de las que no nos libran nuestros responsables políticos porque forman parte del problema, sea por vocación o por imposición de capas más altas.

Así pues, cualquier desastre que se produce entre nosotros, (que actualmente se pueden originar de forma artificial) sean aguaceros, terremotos, incendios, huracanes... genera dolor, impotencia y rabia por causa doble: el mal que provoca y la impunidad hacia quien lo provoca.

Todo tipo de explotación humana es despreciable pero si además perjudica la integridad física de la gente a la vez que su aniquilamiento económico entonces ya debe hablarse de criminalidad y plantearse perseguirlo por encima de discrepancias de cualquier tipo.

La reflexión que se impone por encima de todo es: ¿Debemos permitir ese desaguisado que no hace más que aumentar cada día? ¿No nos sentimos interpelados por toda esa maldad que nos rodea?

Ahora no valen ninguno de los argumentos del tipo: ¿Yo solo qué puedo hacer? ¿Con qué armas puedo enfrentarme? Sí, somos muchos los perjudicados pero 'ellos' tienen el poder...

Es evidente que no puede (ni debe) haber un enfrentamiento físico. Lo que hace falta es que, después de hacer un ejercicio a fondo de conciencia, tomar el determinación de que ‘ya basta’

La dignidad humana está en juego y la razón de ser de la humanidad está en conflicto directo con esta situación, por tanto no hay ningún motivo que nos libre de la responsabilidad de afrontarlo

Si nos sentimos mínimamente al cargo de nuestras vidas, debemos oponernos de todas las maneras al actual desbarajuste que está dejando el mundo inhabitable por la acción de unos psicópatas.

Deberemos rememorar lo de 'Fuenteovejuna, todos a una' porque si todos actuamos a la vez la cosa cambiará radicalmente en beneficio general.

Si queremos ser felices y vivir en paz, debemos extirpar esa 'infección' que sufrimos por inercia e inacción.

O así me lo parece

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Joan Martí - elcamidelavida@gmail.com - 24 julio 2026

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