© EL NEGOCIO DE PRENDER FUEGO
Llega el verano y los incendios efectúan puntualmente acto
de presencia como si fuera una consecuencia natural del calor ambiental.
De siempre, que yo recuerde, los incendios tienen mayor
tendencia a producirse cuando se dan las condiciones de sequía y altas
temperaturas.
De siempre han existido personas con instinto pirómano: alguna por pura diversión y otras para hacer daño al vecino. En ambos casos, potenciales clientes de psicólogos.
La cuestión de un tiempo a esta parte son los incendios
'programados' con el objetivo de 'desbrozar' espacios donde se ha previsto
erigir algún negocio: urbanización, paneles fotovoltaicos, aerogeneradores,
campos de golf...
Aparte de juzgar con severidad extrema a los causantes
materiales del delito, se debe actuar sobre los 'beneficiarios' de los
'solares' disponibles después del incendio.
Una fórmula que a simple vista podría ser un freno al
crecimiento de esta malvada modalidad de conseguir terreno sería la prohibición
taxativa de poder implantar ninguna instalación con ánimo de lucro antes bien
la obligación de reforestarlo e indemnizar a todos los perjudicados.
Algo que ya se ha hecho evidente, incluso para quienes no
siguen la evolución social, es la impunidad de una clase elitista a la que no
le duelen prendas para alcanzar sus propósitos.
La dura realidad es que estamos solos -la gente de a pie-
para enfrentarnos a todas las maldades que padecemos de las que no nos libran
nuestros responsables políticos porque forman parte del problema, sea por
vocación o por imposición de capas más altas.
Así pues, cualquier desastre que se produce entre nosotros,
(que actualmente se pueden originar de forma artificial) sean aguaceros,
terremotos, incendios, huracanes... genera dolor, impotencia y rabia por causa
doble: el mal que provoca y la impunidad hacia quien lo provoca.
Todo tipo de explotación humana es despreciable pero si
además perjudica la integridad física de la gente a la vez que su
aniquilamiento económico entonces ya debe hablarse de criminalidad y plantearse
perseguirlo por encima de discrepancias de cualquier tipo.
La reflexión que se impone por encima de todo es: ¿Debemos
permitir ese desaguisado que no hace más que aumentar cada día? ¿No nos
sentimos interpelados por toda esa maldad que nos rodea?
Ahora no valen ninguno de los argumentos del tipo: ¿Yo solo
qué puedo hacer? ¿Con qué armas puedo enfrentarme? Sí, somos muchos los
perjudicados pero 'ellos' tienen el poder...
Es evidente que no puede (ni debe) haber un enfrentamiento
físico. Lo que hace falta es que, después de hacer un ejercicio a fondo de
conciencia, tomar el determinación de que ‘ya basta’
La dignidad humana está en juego y la razón de ser de la
humanidad está en conflicto directo con esta situación, por tanto no hay ningún
motivo que nos libre de la responsabilidad de afrontarlo
Si nos sentimos mínimamente al cargo de nuestras vidas,
debemos oponernos de todas las maneras al actual desbarajuste que está dejando
el mundo inhabitable por la acción de unos psicópatas.
Deberemos rememorar lo de 'Fuenteovejuna, todos a una' porque si todos actuamos a la vez la
cosa cambiará radicalmente en beneficio general.
Si queremos ser felices y vivir en paz, debemos extirpar esa
'infección' que sufrimos por inercia e inacción.
O así me lo parece
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Joan Martí - elcamidelavida@gmail.com - 24 julio
2026

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