SOCIEDADES CANSADAS
Las redes
sociales, internautas narcisistas, crisis de salud mental
El perspicaz libro "La
sociedad del cansancio", del filósofo surcoreano Byung-Chul
Han, sostiene que nuestra sociedad contemporánea se caracteriza por
el agotamiento, el aburrimiento, la ansiedad, la hiperactividad, la falta de
atención, la depresión, el deterioro progresivo de la salud mental, las
tendencias suicidas, el hastío existencial y el narcisismo.
Estas patologías personales y sociales se originan al alimentar constantemente nuestro ego con expectativas exageradas en las redes sociales y competencias imaginarias innecesarias, producto de nuestra necesidad incesante de ser afirmados, apreciados, aplaudidos y reconocidos, lo que lleva a que nuestra psique y ego sucumban a la tendencia de compararnos con personalidades de las redes sociales, celebridades e influencers de internet.
El libro afirma que, para evitar el agotamiento y la depresión, basta con aceptar quiénes somos realmente, hacer lo que nos sale de forma natural y valorarnos sin compararnos ni comparar nuestros logros con los de los demás.En la era de las redes sociales, la gente cree que ser feliz
significa recibir afirmación, ser querido, apreciado, aplaudido y aprobado
constantemente por los demás y por la sociedad. Estos indicadores de las redes sociales y los rankings de popularidad que
muchos utilizan para medir la felicidad son patológicos tanto a nivel
individual como social.
La felicidad nunca es una creación de Facebook, Twitter, Instagram, TikTok ni ninguna otra plataforma de redes sociales; por mucho que estas plataformas faciliten nuestra interconexión e intercomunicación en la actualidad. La felicidad ni siquiera reside en la ausencia de conflicto y dolor.
La felicidad consiste en
afrontar la vida con esperanza a pesar de los esfuerzos, las luchas, los
conflictos y todos los problemas cotidianos que enfrentamos en nuestra lucha
por la supervivencia.
En nuestra sociedad capitalista y corporativista, nos han
condicionado a pensar que la felicidad es algo que se gana con mucho esfuerzo,
demostrando nuestra valía y mostrando a los demás nuestros éxitos y logros. Esta
visión utilitarista, capitalista e instrumentalista de la felicidad nos ha
convertido en adictos al trabajo y nos ha dejado con una autoestima muy baja,
haciéndonos creer que no somos suficientes y que no tenemos valor intrínseco
hasta que no hayamos logrado algo grandioso, como esos grandes triunfadores que
se proyectan y destacan en las redes sociales. Sin embargo, la cruda realidad
es esta: no podemos perseguir la felicidad. La felicidad reside en afrontar la
vida a pesar de las circunstancias difíciles y adversas que vivimos.
Es fundamental que nuestra sociedad consumista aprenda de
las palabras de la gran filósofa Helen Keller, que era físicamente ciega:
"De ahora en adelante, dejemos de
perseguir la montaña rusa de la felicidad y simplemente seamos felices".
Es una verdadera tragedia que, en nuestra supuesta sociedad
civilizada contemporánea, el capitalismo extractivo y el consumismo explotador
nos hayan programado y condicionado a pensar que, para ser felices, hay que
trabajar como un burro maltratado, acumulando montones y montones de billetes y
guardándolos sin cesar. De igual modo, la religión tóxica y abusiva nos ha
programado para creer que debemos ganarnos la felicidad con nuestros duros
esfuerzos por complacer a la Divinidad y esperar la felicidad en el Más Allá
como recompensa por nuestras buenas obras, que de alguna manera utilizamos para
sobornar a la Divinidad y así poder entrar en el Portal Dorado del Más Allá.
El gran sabio sufí turco del islam sunita, Rumi, tiene una visión más elevada que estas perspectivas abusivas de felicidad basada en el logro y el concepto escapista de salvación que nos imponen religiones tóxicas y explotadoras. Rumi afirma que no podemos sobornar para complacer a la Conciencia Suprema, ya que la Suprema nos ha amado a cada uno de nosotros desde tiempos inmemoriales, y este Amor Cósmico se nos otorga únicamente a través de un favor inmerecido, sin sobornos religiosos ni transacciones hipócritas de bondad y apariencia para que la Entidad Suprema nos recompense.
Rumi sostiene
que jamás podremos escapar de este Amor y Gracia Divinos; y es esta Gracia de
la Conciencia Suprema la que nos guiará, y no nuestros propios méritos, con los
que creíamos poder comprar la aprobación divina, el perdón, el amor, la
afirmación y la autoestima. La Conciencia Cósmica nos ama y nos perdona
incondicionalmente únicamente a través de un favor inmerecido y una compasión
incondicional.
En contraste con la visión distorsionada de nuestra sociedad
capitalista, consumista, utilitarista e instrumentalista, que considera que la
felicidad reside en ser siempre aplaudido y reconocido por los demás, y en la
búsqueda obsesiva de su aprobación y afirmación, el gran pensador y místico Rumi
afirma que la auténtica felicidad consiste en dejarnos ser, en estar contentos
y satisfechos con quienes realmente somos, con lo que tenemos y con lo que
podemos lograr de forma realista, sin compararnos con los demás ni con sus
logros.
En resumen, la verdadera felicidad es una elección existencial: una decisión libre que debemos tomar y una voluntad autónoma que debemos afrontar momento a momento. La auténtica felicidad reside simplemente en elegir ser feliz a pesar de las circunstancias que la vida nos presenta.
La
felicidad está ante nosotros, aquí y ahora, cuando nos liberamos de los
dictados consumistas de una sociedad hipermaterialista fundada, construida y
fabricada por un capitalismo codicioso y una corporatocracia extractiva.
Henry Francis B. Espiritu profesor de
Filosofía y Estudios Asiáticos

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