HA COSTADO MUCHO LLEGAR A ESTE PUNTO
Para quienes llevamos años despiertos, este nunca fue un despertar dramático de la noche a la mañana ni un momento decisivo que lo cambiara todo.Fue una erosión gradual de la ilusión, un lento desmantelamiento de las narrativas en cuya confianza nos criaron, y una confrontación muy dolorosa con verdades que hubiéramos preferido no ver.
No nos tragamos la oscuridad de un solo trago abrumador, sino que la absorbimos por etapas, a medida que cada capa de engaño se revelaba, obligándonos a recalibrar por completo nuestra comprensión del mundo y la realidad.
Hubo conmoción, incredulidad, asco, ira, frustración y,
finalmente, una terrible sensación de inquietud e incertidumbre que surge
cuando te das cuenta de que te
mintieron sobre todo.
Junto con ese ajuste de cuentas interno, vinieron las consecuencias externas:
Etiquetas, burlas y
relaciones que se desvanecieron porque confrontar lo que veíamos
les habría obligado a cuestionar sus propios fundamentos.
Pagamos un precio social y emocional por hacer preguntas,
pero nos mantuvimos firmes porque comprendimos que la verdad, por muy
desestabilizadora que sea, es el único camino hacia la libertad.
Tuvimos años para procesar lo que ahora se revela en tiempo
real. Tuvimos tiempo para investigar, reflexionar, debatir internamente,
desesperarnos y luego reconstruir nuestro equilibrio interior.
Desarrollamos
resiliencia emocional porque nos vimos obligados a hacerlo, pero
quienes despiertan ahora no tienen
ese desarrollo gradual.
No se les presentan verdades incómodas una a una; se
enfrentan a una convergencia de
revelaciones a la vez. Lo que muchos de nosotros procesamos durante
muchos años, llega a su conciencia en cuestión de semanas.
Ese proceso es desestabilizador y profundamente
aterrador.
Si hemos estado despiertos por más tiempo, este no es el
momento para la superioridad ni para una reivindicación silenciosa. Recordamos
cómo nos sentimos cuando el velo se levantó por primera vez y el suelo bajo
nuestros pies pareció moverse.
El despertar no es una competencia para ver quién lo vio
primero. Es una transición psicológica y moral colectiva que requiere fuerza,
claridad y cierta compasión.
Si el objetivo es la libertad genuina, en lugar de
simplemente tener razón, debemos reconocer que no todos tuvieron el mismo
tiempo. Algunos necesitaban ver más evidencia, otros necesitaban experimentar
las consecuencias personalmente, y algunos apenas ahora están encontrando el
coraje para mirar.
La tormenta ya no es algo en el horizonte; se despliega a
plena vista. Millones de personas se encuentran con verdades que antes aislaban
a una pequeña minoría, y lo hacen sin la preparación gradual que muchos de
nosotros tuvimos.
A muchos nos llevó años integrar lo que sabemos hoy.
Permitamos que otros tengan el espacio para hacer lo mismo, porque si este
despertar ha de llevarnos a algún resultado significativo, requerirá no solo
exposición, sino también la reconstrucción de la resiliencia, el
discernimiento, la unidad y la valentía moral en toda la sociedad.

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