ANATOMÍA DE UN ENGAÑO
Cinco años después del comienzo de la covid, el relato
oficial se desmorona.
El peso de la evidencia científica y la aparición de
informes oficiales que desmontan la narrativa político-mediática dominante
desde 2020 han obligado a algunos medios españoles a entonar un tímido y tardío
mea culpa.
El velo que cubría los errores, manipulaciones y silencios
cómplices ha dejado al descubierto un guion cuidadosamente orquestado por
gobiernos, medios, organismos internacionales y una industria farmacéutica
ávida de lucro.
Muchas voces que antes fueron tildadas de herejes ahora son reconocidas como semillas de una verdad incómoda que resistió a la censura y al descrédito.
En realidad, no eran
los llamados negacionistas quienes difundían bulos. Fueron
los políticos, las instituciones europeas, los medios tradicionales, los
autodenominados verificadores y una parte significativa del estamento médico.
En conjunto, formaron una alianza de poder entre política, medios e industria
farmacéutica que actuó sin freno.
La medicina se entregó al mercado, los colegios médicos
acallaron la crítica y las vacunas se convirtieron en la única salvación. Pero
como advirtió el British Medical Journal, se ignoró el principio más elemental
de la ciencia: la duda. La ciencia sin preguntas se vuelve religión y eso fue
exactamente lo que vivimos.
No se trata sólo de exigir responsabilidades –aunque las
hay, y muchas–. Se trata de
despertar del hechizo. Porque lo que experimentamos durante la pandemia
fue una advertencia brutal sobre lo que ocurre cuando el miedo reemplaza a la
razón, cuando el dogma suplanta a la ciencia, y cuando la obediencia ciega se
disfraza de virtud ciudadana.
Hemos aprendido, con dolor, que ni los títulos garantizan
sabiduría, ni los consensos garantizan verdad, ni los uniformes otorgan
integridad. Se persiguió la disidencia, se negó la evidencia y se sacrificó la
libertad en el altar de una seguridad ilusoria.
La medicina se convirtió en negocio, la ciencia en
propaganda y la salud pública en un instrumento de control. Y, sin embargo, en
un tiempo de mentira institucionalizada, hubo profesionales íntegros,
ciudadanos conscientes e investigadores marginados que alzaron la voz cuando
era peligroso hacerlo. A ellos, perseguidos, estigmatizados y silenciados, les
debemos memoria y reconocimiento. Porque la verdad, aunque tarde, siempre
termina saliendo a la luz.
No necesitamos más protocolos, más vacunas, más miedo. Necesitamos más verdad y más coraje.
Una ciencia con conciencia. Una medicina con humanidad. Una ciudadanía despierta, capaz de decir «no»
cuando todos dicen «sí».
En España, los responsables políticos y sanitarios
aprovechan el quinto aniversario de la pandemia para felicitarse a sí mismos.
Nadie ha dimitido, nadie ha sido investigado. Se organizan actos conmemorativos
mientras se intenta lavar la imagen de quienes contribuyeron al mayor escándalo
de salud pública de nuestra historia. Médicos con bata blanca y discursos
altisonantes siguen gozando de impunidad.
Hoy, cuando el humo de la propaganda empieza a disiparse, no basta con pasar página. Es urgente escribir otra, distinta.
Que el olvido no borre el precio de la verdad ni el silencio
de quienes se atrevieron a pensar.
Porque si no nombramos lo que ocurrió, estaremos condenados
a repetirlo.
Guillem Ferrer - Activista
pacífico

No hay comentarios:
Publicar un comentario