5.2.26

Si no nombramos lo que ocurrió, estaremos condenados a repetirlo.

 ANATOMÍA DE UN ENGAÑO                      

Cinco años después del comienzo de la covid, el relato oficial se desmorona

El peso de la evidencia científica y la aparición de informes oficiales que desmontan la narrativa político-mediática dominante desde 2020 han obligado a algunos medios españoles a entonar un tímido y tardío mea culpa. 

El velo que cubría los errores, manipulaciones y silencios cómplices ha dejado al descubierto un guion cuidadosamente orquestado por gobiernos, medios, organismos internacionales y una industria farmacéutica ávida de lucro. 

Muchas voces que antes fueron tildadas de herejes ahora son reconocidas como semillas de una verdad incómoda que resistió a la censura y al descrédito. 

En realidad, no eran los llamados negacionistas quienes difundían bulos. Fueron los políticos, las instituciones europeas, los medios tradicionales, los autodenominados verificadores y una parte significativa del estamento médico. En conjunto, formaron una alianza de poder entre política, medios e industria farmacéutica que actuó sin freno. 

La medicina se entregó al mercado, los colegios médicos acallaron la crítica y las vacunas se convirtieron en la única salvación. Pero como advirtió el British Medical Journal, se ignoró el principio más elemental de la ciencia: la duda. La ciencia sin preguntas se vuelve religión y eso fue exactamente lo que vivimos. 

No se trata sólo de exigir responsabilidades –aunque las hay, y muchas–. Se trata de despertar del hechizo. Porque lo que experimentamos durante la pandemia fue una advertencia brutal sobre lo que ocurre cuando el miedo reemplaza a la razón, cuando el dogma suplanta a la ciencia, y cuando la obediencia ciega se disfraza de virtud ciudadana. 

Hemos aprendido, con dolor, que ni los títulos garantizan sabiduría, ni los consensos garantizan verdad, ni los uniformes otorgan integridad. Se persiguió la disidencia, se negó la evidencia y se sacrificó la libertad en el altar de una seguridad ilusoria. 

La medicina se convirtió en negocio, la ciencia en propaganda y la salud pública en un instrumento de control. Y, sin embargo, en un tiempo de mentira institucionalizada, hubo profesionales íntegros, ciudadanos conscientes e investigadores marginados que alzaron la voz cuando era peligroso hacerlo. A ellos, perseguidos, estigmatizados y silenciados, les debemos memoria y reconocimiento. Porque la verdad, aunque tarde, siempre termina saliendo a la luz. 

No necesitamos más protocolos, más vacunas, más miedo.  Necesitamos más verdad y más coraje. Una ciencia con conciencia. Una medicina con humanidad. Una ciudadanía despierta, capaz de decir «no» cuando todos dicen «sí». 

En España, los responsables políticos y sanitarios aprovechan el quinto aniversario de la pandemia para felicitarse a sí mismos. Nadie ha dimitido, nadie ha sido investigado. Se organizan actos conmemorativos mientras se intenta lavar la imagen de quienes contribuyeron al mayor escándalo de salud pública de nuestra historia. Médicos con bata blanca y discursos altisonantes siguen gozando de impunidad. 

Hoy, cuando el humo de la propaganda empieza a disiparse, no basta con pasar página. Es urgente escribir otra, distinta.

Que el olvido no borre el precio de la verdad ni el silencio de quienes se atrevieron a pensar.

Porque si no nombramos lo que ocurrió, estaremos condenados a repetirlo.

Guillem Ferrer - Activista pacífico

https://loquepodemoshacer.wordpress.com/2026/02/03/es-tiempo-de-despertar-360-la-covid-anatomia-de-un-engano-por-guillem-ferrer-activista-pacifico/  

 

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