TRABAJAR POR UNA SOCIEDAD SOSTENIBLE
Un ensayo analítico sobre patrones, trauma, curación, manifestación y el camino a seguir: la creación de un nuevo mundo de armonía, paz y comprensión de la conciencia humana.
Bajo la superficie
Vivimos en un mundo conformado por estructuras complejas: la
educación, la ciencia, los medios de comunicación, la economía y la política
definen lo que se considera verdad y realidad. Mucha gente asume que estos
sistemas existen para resolver problemas y proteger a la sociedad.
Sin embargo, es cada vez más evidente que las decisiones importantes se toman a escondidas del público y sin una participación ciudadana significativa. No mediante un único plan oculto, sino a través de intereses entrelazados, rutinas arraigadas y presión económica.
Foros internacionales cerrados como el de Davos, las reuniones de Bilderberg, las políticas en las organizaciones de la ONU o cumbres climáticas como la COP30 formulan objetivos y directrices con consecuencias globales, a menudo carentes de transparencia y rendición de cuentas.Cuando este texto se refiere al “sistema”, no implica una
conspiración singular, sino una red de instituciones, incentivos y dependencias
que guían el comportamiento, a menudo sin que los individuos sean conscientes
de ello.
¿Qué información configura nuestra visión del mundo y quién
decide qué soluciones se adoptan y cuáles no?
Si estás genuinamente satisfecho contigo mismo y con el
mundo tal como es, este texto no te exige nada. Pero para quienes sienten que
algo no cuadra —que la vida podría ser más humana, más consciente, más
verdadera—, este ensayo es una invitación. No para convencerte, sino para
inspirarte a convertirte en el cambio que buscas.
Cómo se forma nuestra cosmovisión
Antes de que los sistemas puedan cambiar, debemos comprender
cómo surge la percepción. El cerebro humano filtra grandes cantidades de
estímulos. La investigación demuestra que el cuerpo registra millones de
unidades de información por segundo a través de los sentidos, mientras que la conciencia
solo puede procesar activamente unas pocas docenas. Por lo tanto, más del 99%
de la percepción se filtra inconscientemente. El pensamiento consciente
representa solo la punta del iceberg; la mayor parte de la percepción y la toma
de decisiones ocurren fuera del control deliberado.
Lo que vemos y oímos repetidamente se acepta automáticamente
como normal y verdadero. La información que queda fuera de este marco se pierde
de vista o resulta incómoda.
Los niños y los adultos internalizan creencias sobre lo que es sensato, ¿Qué autoridades son creíbles? ¿Qué preguntas son aceptables?
Este proceso es sutil y en gran medida inconsciente. Como
resultado, los sistemas pueden seguir funcionando incluso cuando sus
consecuencias negativas son visibles.
La disonancia cognitiva desempeña un papel crucial: cuando
la nueva información entra en conflicto con las creencias existentes, puede
causar estrés psicológico, lo que lleva al rechazo reflexivo en lugar de a la
evaluación. Esto explica por qué los argumentos fácticos a veces no convencen.
Por qué la incertidumbre nos hace más obedientes
La incertidumbre estructural —relativa a la economía, la
guerra, la energía o la salud— reduce la capacidad mental. El pensamiento
independiente disminuye y las personas buscan respuestas rápidas y claras.
Desde una perspectiva neurobiológica, el cuerpo pasa de un estado regulado de
reposo y digestión a un estado crónico de lucha o huida, dominado por el miedo,
la reactividad y la obediencia, mientras que la reflexión y la sutileza
disminuyen.
Surgen patrones:
Las ideas desviadas se sienten amenazantes,
La autoridad parece necesaria,
La obediencia parece más segura que la duda.
Así, el control crece sin coerción explícita. Las
instituciones siguen su propia lógica interna, donde el mantenimiento del poder
y la estructura prima cada vez más sobre el bienestar humano.
¿Quién decide lo que vemos?
Los medios compiten por la atención. Por lo tanto, los
conflictos y las amenazas reciben más cobertura que los matices o las
soluciones. Las noticias negativas e infundidas en el miedo generan, sin duda,
más interacción e ingresos publicitarios que la información sobre recuperación,
cooperación o soluciones a largo plazo. Guerras, ataques y crisis dominan los
titulares, mientras que avances positivos como la restauración ecológica, los
descubrimientos arqueológicos o los avances científicos quedan estructuralmente
marginados. Predominan las imágenes de conferencias y negociaciones, pero lo
que realmente cambia a menudo permanece impreciso. La supervisión ciudadana es
prácticamente inexistente.
Quienes dependen de las pantallas para obtener información
reciben una visión del mundo moldeada por mecanismos de selección: algunos
problemas parecen enormes, otros desaparecen por completo. Esto influye en las
emociones, la opinión y las políticas a gran escala. La pregunta, cada vez más
importante, es: ¿qué no estamos viendo?
¿Por qué el poder continúa concentrándose?
A medida que la toma de decisiones se lleva a cabo cada vez
más en estructuras de consulta cerradas, la influencia se desplaza de la
ciudadanía y los parlamentos hacia pequeños grupos de responsables políticos,
líderes empresariales y expertos. Algunos ejemplos son: Davos, Bilderberg, las
cumbres de la ONU y las estructuras políticas europeas.
Esto no implica necesariamente malas intenciones. Refleja
una dinámica sistémica: el poder se concentra, los intereses se refuerzan
mutuamente y las voces disidentes se marginan gradualmente. El modelo
predominante es jerárquico: se imponen leyes y regulaciones, mientras que las
comunidades locales mantienen poco control sobre sus propias regiones, culturas
y formas de vida.
Por qué las soluciones no se materializan
Los sistemas a menudo comienzan como soluciones, pero con el
tiempo se convierten en fines en sí mismos. La toma de decisiones se desconecta
de su propósito original. Históricamente, este patrón no es nuevo: a lo largo
de los siglos, las élites han centralizado el poder político, económico y
basado en el conocimiento, desde el Imperio Romano hasta las empresas
comerciales coloniales. Lo que una vez sirvió para la eficiencia y el
crecimiento, se desvinculó repetidamente del bienestar humano y ecológico.
Cumbres climáticas como la COP21 ilustran este mecanismo. Se
celebran reuniones, se gastan presupuestos y se reiteran objetivos, pero las
medidas concretas siguen siendo limitadas. Mientras tanto, los actores
establecidos se benefician, mientras que la contaminación, las emisiones
tóxicas y la pérdida de ecosistemas persisten.
La atención se centra principalmente en el cambio climático
como un fenómeno abstracto, mientras que el impacto humano directo
—contaminación estructural, contaminación del suelo y el agua, explotación
industrial— permanece subestimado. Lo que podría formar parte de procesos naturales
a largo plazo recibe más atención que lo que se puede demostrar que está bajo
el control humano inmediato.
Engaño sistémico y control de la información
En múltiples ámbitos con gran impacto social, como la salud
pública, la seguridad, la geopolítica, la justicia y la producción de
conocimiento científico, se observan patrones recurrentes en los que la toma de
decisiones se centraliza y las perspectivas disidentes se marginan
sistemáticamente. Esta dinámica plantea interrogantes fundamentales sobre la
concentración de poder, la transparencia y si el interés público realmente guía
las políticas.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un punto
de inflexión crucial. La narrativa oficial justificó medidas geopolíticas,
legales y militares de gran alcance. Al mismo tiempo, persisten interrogantes
sobre las limitaciones de la investigación y la exclusión de datos
contradictorios, y las críticas a menudo se desacreditan social o políticamente
en lugar de abordarse de forma sustancial.
En esta realidad posterior al 11-S, Israel —en su
manifestación política y militar sionista, explícitamente diferenciada del
judaísmo como religión o cultura— ocupa una posición excepcional. Las
violaciones estructurales del derecho internacional humanitario, documentadas
en informes de la ONU, y el apoyo casi incondicional de Occidente rara vez se
cuestionan de raíz. Durante el conflicto entre Israel y Hamás de 2023,
surgieron declaraciones internas israelíes e investigaciones periodísticas
sobre el uso de doctrinas extremas, incluidas las llamadas «órdenes de Aníbal»,
lo que dejó ambigua la responsabilidad y la proporcionalidad ante la ausencia
de una investigación forense totalmente independiente.
Durante la crisis de la COVID-19, surgieron patrones
comparables en la gobernanza mundial de la salud pública. Se implementó una
estrategia de vacunación prácticamente uniforme a nivel mundial, a pesar de las
significativas diferencias de riesgo entre los grupos de población. Se dio un
espacio limitado a las voces críticas, mientras que cuantiosos fondos públicos
se destinaron a un grupo muy reducido de empresas farmacéuticas. Gradualmente,
se ha reconocido que ciertas intervenciones carecían de transparencia y
conllevaban riesgos tangibles.
Incluso ámbitos que durante mucho tiempo se han considerado
marginales, como la ufología, exhiben dinámicas similares. Décadas de
clasificación y marginación contrastan con los testimonios recientes de pilotos
militares y audiencias parlamentarias. La pregunta ya no es si estamos solos, sino
cuándo se vuelve posible el contacto consciente colectivo.
En este contexto más amplio también se incluyen testimonios
sobre redes organizadas de abuso sexual y ritual. A nivel mundial, se estima
que entre 1,2 y 1,7 millones de niños son víctimas de trata cada año, y una
proporción significativa nunca es identificada ni recuperada oficialmente.
Casos como los de Dutroux y Epstein revelan patrones recurrentes de
obstrucción, falta de pruebas y omisión de procesamiento, lo que indica
vulnerabilidades estructurales en los sistemas judiciales y políticos.
En conjunto, estos casos no constituyen anomalías aisladas,
sino una dinámica sistémica recurrente. La pregunta central sigue siendo: ¿Nuestros
sistemas están diseñados para controlar el poder o para protegerlo?
El trauma colectivo y la pérdida de la autodeterminación
Las guerras, los trastornos masivos y la inseguridad
económica dejan huellas que se extienden a lo largo de generaciones. La
investigación psicológica y epigenética demuestra que el trauma puede
transmitirse no solo culturalmente, sino también biológicamente. Además, la
investigación de la consciencia y la terapia de regresión exploran cómo las
experiencias que se extienden más allá de una sola vida pueden persistir,
ofreciendo una perspectiva más amplia, basada en el alma, sobre los miedos y
patrones recurrentes.
Esto ayuda a explicar por qué la crítica del sistema a
menudo provoca resistencia emocional incluso cuando los argumentos son válidos.
El miedo constriñe la imaginación.
Desde una perspectiva basada en el alma, surge una pregunta
más profunda: ¿somos realmente una experiencia única y temporal, o más bien un
campo continuo de conciencia —una energía del alma— actualmente encarnada en un
cuerpo humano? Permitir esta posibilidad replantea el trauma no como un fracaso
personal, sino como una experiencia dentro de un proceso de aprendizaje más
amplio que trasciende una sola vida.
El papel de la conciencia en el cambio
Las investigaciones sobre la consciencia, la coherencia
cardiocerebral y el cambio impulsado por la intención demuestran efectos
mensurables en la fisiología y el comportamiento. Instituciones como IONS y
estudios sobre meditación y respiración demuestran que la regulación interna
produce un impacto externo. Pioneros como Joe Dispenza integran estos hallazgos
con la epigenética y la neurociencia; publicaciones recientes revisadas por
pares sugieren que el entrenamiento mental dirigido puede influir en la
expresión genética.
Los conocimientos de la física cuántica sugieren que la observación
y la expectativa no son procesos pasivos. La realidad no se configura viendo
primero y creyendo después; más bien, la creencia suele preceder a la
percepción. Muchas personas viven según la premisa inversa: esperar pruebas
externas antes de permitir la convicción interna. De este modo, el cambio
depende de las circunstancias en lugar de surgir de una creencia elegida
conscientemente.
Cuando la creencia, la atención y la intención dan forma al
comportamiento, la manifestación no se convierte en misticismo sino en
psicología, neurobiología y dinámica social.
Los algoritmos como influenciadores invisibles
La IA y los algoritmos determinan cada vez más qué
información se hace visible. Estos sistemas heredan los sesgos de diseñadores,
financiadores y comisionados: quienes pagan definen las prioridades. Por lo
tanto, la democracia cambia no de forma abrupta, sino gradual: el control se
vuelve técnico en lugar de político.
Junto con los antiguos surgen nuevos sistemas
El cambio rara vez se produce a través de las estructuras de
poder existentes. Los sistemas que se autosostienen son, por definición, lentos
para facilitar una renovación fundamental. Por lo tanto, la verdadera
transición no surge de la confrontación, sino del surgimiento de alternativas
viables junto con las antiguas.
Estas alternativas ya son visibles. En todo el mundo, se
experimenta con la agricultura regenerativa, los bosques de alimentos, las
cooperativas locales, los proyectos comunitarios y las formas de vida y trabajo
menos dependientes de los sistemas centralizados. Estas iniciativas comparten
un principio fundamental: restaurar la relación entre los seres humanos, la
naturaleza y...comunidad.
En la práctica, esto significa trabajar con la regeneración
del suelo en lugar de la extracción; organizar la alimentación, el cuidado o la
educación localmente; y crear formas de vida donde el tiempo, la atención y la
ecología vuelvan a ser los protagonistas. No como un modelo a escalar, sino
como una respuesta a lo que las personas experimentan en su entorno inmediato.
Al mismo tiempo, estas mismas soluciones suelen verse
obstaculizadas por las regulaciones existentes. La vida autosuficiente, la
construcción ecológica o la agricultura a pequeña escala a menudo chocan con
marcos legales diseñados para modelos industriales a gran escala. Esta tensión
revela dónde el viejo sistema intenta protegerse y dónde el nuevo ya se está
convirtiendo en realidad.
Lo importante es que este movimiento no se basa solo en la
protesta, sino en la encarnación. Lo que recibe atención, crece. Quienes
dirigen su energía exclusivamente a lo que está mal permanecen psicológicamente
conectados con el problema. Quienes, en cambio, invierten en lo que funciona,
por pequeño que sea, amplían el abanico de posibilidades.
Esto puede comenzar con decisiones aparentemente sencillas:
interactuar de forma diferente con la información, consumir de forma más
consciente, invertir tiempo en redes locales o revalorizar el silencio y la
naturaleza. Estos cambios no son meras decisiones privadas; influyen en cómo
los sistemas se adaptan al comportamiento humano.
Los nuevos sistemas no necesitan ser perfectos. Solo
necesitan ser habitables, humanos y replicables. Su fortaleza no reside en la
escala, sino en la resonancia.
Del consumidor al participante
El verdadero cambio surge cuando las personas dejan de
consumir narrativas pasivamente y comienzan a investigar activamente. Los
medios de comunicación tradicionales no ofrecen una ventana neutral, sino una
selección. Quienes se toman la verdad en serio comparan fuentes, toleran la
incertidumbre y vuelven a confiar en su propia percepción.
La naturaleza desempeña un papel fundamental en este
proceso: quienes recuerdan que la humanidad y el planeta forman un solo sistema
recuperan claridad y responsabilidad. Le Rêve de Gaia, como
fundación y Academia, se integra en este movimiento más amplio, no como una
fuerza contraria, sino como un ejemplo vivo de que los sistemas cambian cuando
cambia la conciencia.
En los sistemas naturales, la resiliencia no surge del
control, sino de la diversidad, la cooperación y el tiempo. Estos mismos
principios también resultan eficaces a nivel humano y social, no como teoría,
sino como experiencia vivida. Quienes realmente sienten esto asumen la
responsabilidad de forma natural.
Las decisiones conscientes en materia de información,
consumo y colaboración no son lujos individuales, sino una palanca colectiva.
Si este texto invita a la indagación independiente, a la conexión con la
naturaleza y a la responsabilidad encarnada, ha cumplido su propósito. El resto
no surge de la persuasión ni de la creencia, sino de la experiencia.
Antoine Prins
https://prepareforchange.net/2026/01/01/working-toward-a-sustainable-society-begins-with-yourself/

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