© LA TECNOLOGÍA NOS DESACTIVA
Un síntoma del despertar de las personas que se está dando a
raíz de la degeneración provocada por la tecnología es el golpe
de timón que Suecia ha impulsado en la enseñanza y que supone dejar de lado
los artefactos tecnológicos (teléfonos, tabletas, ordenadores) y retornar a los
métodos analógicos (libros, papel y lapiz) una vez constatada la bajada
acelerada en los aprendizajes de los estudiantes.
Las adicciones creadas con el uso de la tecnología han mermado el desarrollo de las propias facultades (leer, escribir, entender) lo que comporta -aparte de esta pérdida- la dependencia de herramientas ajenas a la propia vida y que se interponen en la comprensión, comunicación, expresión y creación humanas.
Ser conscientes de esta deriva es vital antes de que sea
algo irreparable y más ahora que la IA se introduce en todos los campos de
forma incontenible y, lo más grave, con el beneplácito y la satisfacción de gran
parte de la sociedad.
Saber resistirse al hechizo que supone el uso de los
artefactos tecnológicos y sus aplicaciones es el primer paso para reencontrar
el buen camino en el que priven la dignidad y la soberanía humanas.
Aprender a hacer cosas por uno mismo sin acudir a ningún
artefacto sería el segundo paso a dar para conseguir la verdadera autonomía en
la vida.
Antes también se vivía sin tecnologías, porque todo es
factible para la iniciativa y la capacidad humana. Hay un montón de cosas en la
vida diaria que se pueden hacer de forma autónoma:
- Realizar
cálculos mentales (sumar, restar, multiplicar...)
- Decidir un
recorrido (viendo un mapa de carreteras)
- Comunicarse
(enviar una carta, telefonear, visitar)
- Escribir (un libro, un diario, un poema)
De lo que se trata prioritariamente es de deshacernos del
dominio de la tecnología sobre nosotros, que no quiere decir que no hagamos un
uso adecuado, moderado.
En cualquier caso plantearse vivir a un ritmo más razonable
puede ser la fórmula de recuperar, al menos, el gozo de vivir, al tener la
opción de disfrutar de la belleza que nos rodea y del calor de las relaciones
con las personas de nuestro entorno
La vida es comunicación. La tecnología es abstracción,
aislamiento, enajenación.
Cultivar los valores que nos hacen humanos y que hemos ido
arrinconando, es ineludible para evitar el descalabro definitivo de nuestra
genuina forma de ser.
Plantearse una manera de vivir pausada, amable, atenta,
comprometida, alegre, feliz es posible y del todo recomendable por el bien
propio y de los que tenemos cerca.
Nada debe quitarnos el bienestar interior, la paz y la
calma. Nada de lo que ocurra 'fuera' debe comportarnos la pérdida de estos
pilares básicos.
O así me lo parece
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Joan Martí - elcamidelavida@gmail.com - 27 abril 2026

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