NADA ROMPE EL ALMA
Cuando la sombra del poder se alza en mi camino y las voces de la opresión tratan de ahogar mi libertad, me vuelvo hacia la luz que arde dentro de mí. No depende ni del día ni de la hora: antigua como el alba, inmutable como el mar y fiel como un latido de corazón.
Los vientos del control
pueden gritar, las dudas impuestas llamar a mi puerta, las preocupaciones
sembradas por el miedo pesan sobre mi mente; sin embargo permanezco. Me
mantengo derecho, no por desafío orgulloso, sino por fidelidad a esa claridad
interior que se niega a extinguirse.
En el corazón de cada día, una fuerza discreta vigila, tranquila y constante. Ella me acompaña como la esperanza inextinguible de los oprimidos, me ofrece su apoyo cuando mis fuerzas se agotan bajo el peso de la vigilancia y de la censura.
Cuando mis pasos se aligeran y el cansancio amenaza con romper mi resistencia, me endereza, barre las trampas puestas por aquellos que quieren mi sumisión y me invita a continuar. Sin ella, yo vacilaría; con ella, recupero mi equilibrio, y sé que nada es lo suficientemente oscuro para apagar la luz de la verdad y de la conciencia.El camino es a veces resbaladizo, estrecho, incierto. Serpentea a través de tierras donde el miedo parece reinar y la duda es golpeada como un tambor de propaganda. Sin embargo, no retrocedo. En la prueba, descubro la fuerza de conocerme a mí mismo, la solidez de mis convicciones.
Es
en el corazón del desafío que se tejen los hilos de mi resistencia. Donde otros
imaginan mi caída y ven mis fragilidades como debilidades, yo descubro fuerzas
insospechadas. Donde mis lágrimas parecían querer doblarme, se abre un camino
hacia la libertad.
No tengo miedo de mis cicatrices. Se convierten en memoria y
testimonio, huellas de mis luchas contra la injusticia, de mi persistencia, de
mis renacer. Cuentan lo que he pasado, lo que he superado y todo lo que he
aprendido al enfrentarme a la represión. No son vergonzosas; susurran que la
caída nunca es el fin, sino una invitación a levantarse de otra manera, con más
convicción y fuerza.
Cuando las palabras de odio y censura se levantan a mi
alrededor, cuando los juicios impuestos por el sistema totalitario y las burlas
de los cómplices resuenan, recuerdo que mi valor no se mide por el ruido
exterior. Descansa sobre una claridad íntima, sobre una luz que ni el miedo ni
la tiranía pueden apagar. Sé lo que llevo, lo que busco, lo que mi corazón
desea construir para la libertad. Incluso cuando creía ya no poder levantarme,
una fuerza interior me invitaba a resistir otra vez.
Avanzo por un camino donde nada se pierde. Lo que el poder
rompe puede convertirse en una fuente de renovación. Lo que el sistema intenta
borrar vuelve a tener sentido con tiempo y paciencia. Entonces, camino, incluso
temblando. Me mantengo en pie, incluso cuando la soledad de la opresión se
cierne sobre mí. En cada paso, la tiranía no me rompe: revela lo que llevo de
más sólido, de más verdadero, de más vivo.
Que los que esperan mi sumisión vean que la luz, arraigada
en el alma, nunca se vuelca. Puede vacilar, pero no se apaga. Que los que
esperan mi derrota comprendan que el valor que se levanta en mí no pertenece ni
a la fuerza ni a la ira, sino a un soplo interior que nada puede domar.
Y yo, día tras día, levanto mi voz. No para brillar ni para
demostrar, sino para honrar esa fuerza discreta e invencible que me acompaña
desde siempre. La que ilumina mis pasos, transforma mis luchas en victorias
silenciosas, y me conduce hacia una libertad profunda, tranquila,
indestructible. Es hacia esta libertad que camino, con paciencia, valor y
determinación, un paso tras otro.
Ni olvidado, ni perdonado.
A todos los hermanos de lucha, a mis compañeros Chalecos
Amarillos que se fueron demasiado pronto - como Nedjah, Julien, Antoine - su
valor permanece grabado en nuestros corazones y nuestras memorias. Nada ni
nadie podrá aplacar vuestros pasos, vuestros gritos, vuestros sacrificios.
Seguiremos resistiendo, porque los valientes invisibles existen - aquellos que
actúan en las sombras, lejos de los reflectores, lejos del alboroto del mundo,
pero siempre con la determinación de las almas libres.
La resistencia no se limita a las batallas brillantes, los
eslóganes o las procesiones. Resistir es cada gesto cotidiano que se niega a
doblegarse ante la injusticia, cada mirada que no se desvía, cada palabra que
rechaza el silencio impuesto.
Frente a un sistema frío, corrupto y despectivo, la lucha
todavía resuena.
https://www.verdadypaciencia.com/2025/11/nada-rompe-el-alma.html

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