7.2.14

La mejor manera de abortar una posible revolución no es reprimiéndola, sino canalizándola a través de los líderes adecuados.

ASÍ FABRICAN A LOS FUTUROS LÍDERES

Todos lo estamos viendo. Cada vez se hace más evidente el desprestigio de la “clase política” en todo el mundo y especialmente en España.

Es difícil diagnosticar la gravedad del fenómeno, su profundidad y la posibilidad de que derive en un estallido de mayor o menor magnitud, pero a estas alturas, nadie puede negar que palabras como “desobediencia”, “revolución” o “guillotina” aparecen con mucha mayor frecuencia en las conversaciones que nunca antes en la historia de la corta democracia Española.

La desafección y el descontento hacia las castas políticas dominantes y hacia la monarquía se hacen cada vez más patentes y el riesgo de un estallido generalizado aumenta día tras día. La población reclama una profunda regeneración política.

Reclama nuevos líderes, nuevas propuestas y nuevas ilusiones que arramblen con la infame ralea bicéfala PP-PSOE que ha corrompido el país hasta sus cimientos.

Y los poderes fácticos que controlan el país desde la sombra lo saben muy bien. Saben que sus esbirros habituales han caído en desgracia a ojos de gran parte de la ciudadanía y que la amenaza de un cambio radical fuera de su control crece por momentos.

Necesitan pues, a alguien que los sustituya y que vehicule ese descontento para que no se traduzca en un peligro real para sus intereses. Nuevas “marionetas” para reconducir la función en el momento idóneo, antes de que el público, harto de la representación, se abalance sobre el escenario y le pegue fuego…

Y dada la gravedad de la situación, estas “marionetas” deben ser tan perfectas y realistas que se haga difícil distinguir si son personajes auténticos o se trata de simples títeres.

¿Sabremos distinguirlas? Veamos a los posibles sospechosos…





PABLO IGLESIAS TURRIÓN

Nadie va a negar a estas alturas el talento comunicativo de Pablo Iglesias y la solidez de su discurso. Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los más brillantes y admirados tertulianos televisivos de la actualidad.

Y éste es, precisamente, el elemento que lo convierte en sospechoso: su súbito e imparable ascenso al estrellato mediático, justo en el momento idóneo y sin sufrir censuras ni cortapisas aparentes de ningún tipo.

Porque lo cierto es que Pablo Iglesias ha pasado a formar parte del Circo Ambulante Nacional de Tertulianos: esa suerte de casta mediática formada por creadores de opinión que, como abejitas que vuelan de flor en flor, transitan de cadena en cadena y de tertulia en tertulia en los grandes medios de comunicación, con el supuesto objetivo de “representar las diferentes sensibilidades políticas de la calle”, pero que en realidad tiene la función de condicionar con sus argumentos la respuesta de la ciudadanía.
Posiblemente su éxito se deba a su excelente capacidad de argumentación y pensar otra cosa significa caer en la más irredimible de las paranoias.

Pero no deja de ser sospechoso que, de repente y de forma simultánea, disfrutemos de su presencia en todos los grandes grupos de comunicación del país: en la Sexta (propiedad del grupo Atresmedia), en Cuatro (propiedad del grupo Mediaset), las cadenas ultraderechistas Intereconomía y 13 TV y como no, en Televisión Española, a través de su canal 24 horas.

Y ante todo, no deja de resultar inquietante que, justo después de alcanzar el consecuente estrellato mediático, tan generosamente regalado por los grandes medios de masas, Pablo Iglesias se erija en la cara más visible de un nuevo proyecto político: PODEMOS, aparecido en el momento idóneo para canalizar políticamente las ansias renovadoras de la población española de izquierdas y la indignación generalizada.

¿Alguien que fuera realmente peligroso para el Sistema vería tan generosamente expuestas sus opiniones, justamente en aquellos medios de comunicación propiedad de los poderes a los que tanto critica?

¿Es Pablo Iglesias un títere al servicio de los poderes fácticos que gobiernan España desde hace décadas, con la misión de evitar una auténtica revolución que reviente el sistema entero?

No decimos que lo sea, pero os invitamos a, como mínimo, considerar los argumentos anteriormente expuestos y a someterle al debido escrutinio y vigilancia.

Una vigilancia a la altura de las esperanzas que representa…








BEATRIZ TALEGÓN

Beatriz Talegón, a diferencia de Pablo Iglesias, representaría mas bien el ejemplo de un fracaso mediático, el típico personaje que no cuaja entre la audiencia, a pesar de tenerlo todo de cara para erigirse en “marioneta estrella”.

Recordemos su rutilante aparición en las redes, cuando en una convención de la Internacional Socialista en Brasil y formando parte de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, se atrevió a criticar desde el atril, los excesos de lujo de los dirigentes socialistas y su alejamiento del pueblo.

El video de su intervención corrió rápidamente por las redes sociales, el nuevo escenario de las manipulaciones mediáticas de última generación y de alguna forma la erigió en la portavoz del joven socialismo de base.


Bien parecida, fresca, moderna, parecería la “marioneta perfecta” para renovar la imagen externa de una de las grandes mafias políticas del país: el PSOE.

Pero por alguna razón, su figura no acaba de cuajar. En el caso de que sea una “marioneta”, los titiriteros aún deben preguntarse “¿por qué?”

Pero bueno, si éste es el caso, que no se preocupen: es algo que a veces ocurre…quizás más adelante puedan darle algún papelito en la función…






ALBERT RIVERA

¿Cómo calificar el ascenso al estrellato político español de Albert Rivera y su partido “Ciudadanos”?

Algunos no dudarán en calificarlo de asombroso y meteórico.

Pero más bien debería calificarse de sospechoso. Extremadamente sospechoso.

Es realmente difícil de justificar la omnipresencia mediática de Albert Rivera como figura política.

Podemos decir que Albert Rivera ha sido invitado y entrevistado en todas las grandes cadenas de radio y televisión, como si de un gran líder nacional se tratara: Cuatro, La Sexta, Antena 3, Television Española, Telecinco, 13 TV, Intereconomia, Cadena Ser, Onda Cero, cadena COPE…

Sin embargo, su relevancia mediática es inversamente proporcional a su peso político real.

Su partido, Ciudadanos, solo goza de representación en un parlamento autonómico, el de Cataluña, donde alcanza la “portentosa” cantidad de 9 diputados sobre 135 en total que tiene el parlamento catalán.

¿Y cuántos votantes representan esos “asombrosos” 9 diputados autonómicos? Pues la “astronómica” cantidad de 275000 votos.

No solo eso, en las ultimas elecciones municipales, su partido político llegó a alzarse con la “inconcebible” cantidad de 7 concejales en total en todo el territorio catalán, sobre más de 9000 concejalías posibles.

7 concejales (sobre 9137), 9 diputados regionales (sobre 135) y 275000 votos (sobre 3.668.310) a escala regional.

¿Hay pues, alguna razón que justifique su omnipresencia mediática en todos y cada uno de los canales de radio y televisión a escala nacional?

Quien no lo quiera ver, que no lo vea, pero hay pocas dudas al respecto: la promoción gratuita e injustificada de la que disfruta en estos momentos Albert Rivera como líder político, no tiene precedentes en los poco más de 30 años de democracia española.

Bien, nos corregimos, sí existe un precedente: el propio Albert Rivera en 2006.

Pues si hay algo que resulte aún más sospechoso que su actual irrupción mediática a escala nacional, es su aparición inicial como figura política autonómica.

Pocas veces se ha visto en Cataluña una promoción mas generosa de un partido y de un líder político que la que tuvo Albert Rivera en 2006.

Recordemos que ni él ni su partido Ciudadanos jamás se habían presentado a comicios de ningún tipo, ni a nivel nacional, ni regional, ni tan solo municipal.

Su experiencia, pues, era nula y podríamos decir que “no los conocía nadie”.

Ciudadanos era uno de los muchos movimientos políticos que aparecen por doquier y de los que los grandes medios jamás se hacen eco.

Sin embargo, Rivera fue entrevistado por los grandes medios catalanes: TV3, Catalunya Radio, RAC 1 (del grupo Godó) y pudo dar a conocer, de forma gratuita y bien patrocinada, todo su ideario político, sin que ello, sorprendentemente, levantara la mas mínima sospecha entre los votantes.

Quizás, como en el caso de Pablo Iglesias Turrión, se deba a su extraordinaria capacidad oratoria o a su combinación de juventud y buena presencia.

O quizás se deba a que formaba parte de los servicios jurídicos de La Caixa, la gigantesca entidad financiera que representa el auténtico poder en Cataluña y que tiene como empleada a la Infanta Cristina, hija del Rey de España.

Esa misma Caixa fue la que, amablemente, le concedió a Albert Rivera una excedencia para que pudiera presentarse a las elecciones autonómicas de 2006.

¿Alguien ve la sombra de una marioneta?

¿Alguien detecta la larga mano de la manipulación, fabricando un líder de la nada?

¿Tiene alguna lógica que un partido político y su líder sean promocionados gratuitamente por los grandes medios de comunicación a partir de cero?

¿Tiene sentido que el líder de un partido que apenas alcanza el 7% de los votos en una región que solo representa el 16 % de la población española total, reciba tanta cobertura y atención a escala nacional?

Cada uno puede opinar lo que quiera, pero como mínimo da que pensar, ¿no?

Al fin y al cabo, lo hemos visto tantas veces ya…la mejor manera de abortar una posible revolución no es reprimiéndola, sino canalizándola a través de los líderes adecuados.

Tratar de reprimir el descontento actual de la población sería como tapar una olla a presión: tarde o temprano acabaría explotando de forma impredecible.

Sin embargo, con los líderes adecuados en el momento idóneo, la propia energía del descontento popular puede canalizarse en pos de los intereses de los que manipulan la situación.

Y para conseguirlo, hace falta crear esos líderes y promocionarlos, pues no hay nada más terrorífico para el poder que un rebaño incontrolado, sin un pastor que reúna y conduzca a las ovejas.

GAZZETTA DEL APOCALIPSIS


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