© EL MILAGRO DEL AGUA
Un elemento imprescindible y misterioso. Sin él no podemos
vivir.
El agua nos sacia, nos limpia, nos relaja, nos refresca... y
nos constituye físicamente.
Cuando te lanzas a un espacio rebosante de agua, el agua
-como una madre solicita- te acoge, te abraza... El bienestar que proporciona
es inigualable. Solo su visión es ya terapéutica.
Una fuente, un río, una cascada, un lago. Allí donde mana su sonido es gratificante; donde está encalmada es una gran sensación de paz.
Su contacto es amoroso. Su textura es acogedora. Su
bienestar, asegurado
Un elemento con tantos valores no es de extrañar que sea
objeto de la codicia de nuestros controladores que poco a poco van apropiándose
de todos los posibles recursos.
Podemos vivir sin comer pero no sin beber y nuestros
queridos benefactores lo saben y se van preparando para limitar su acceso.
Incluso el agua de lluvia está prohibida embalsarla privadamente.
Todo debe pasar por la criba del componente económico. Sólo les falta poner
precio al aire que respiramos... (¡que no me oigan!)
Una aberración más que añadir a las barbaridades que nos
dejamos imponer por el grupo de espabilados que dejamos que nos gobiernen
(¿hasta cuándo?)
Si nos dieran a elegir de qué querríamos disponer por encima
de todo, el agua figuraría en primer lugar, por todos los aspectos enumerados
al principio.
Lo sorprendente es que habitualmente no le damos el valor
que tiene. Sólo cuando nos falta es cuando lo hacemos y mira que cotidianamente
nos acompaña en todos los quehaceres.
Nos lavamos la cara, los dientes o nos duchamos. Llenamos la
olla para hervir la comida. Lavamos los platos que hemos utilizado. Bebemos
cuando tenemos sed. Nos sumergimos en la piscina donde vamos a nadar. Regamos
las plantas del jardín. Ponemos en la nevera para hacer cubitos de hielo.
Hacemos la colada y la limpieza de la casa...
El agua es el don más importante del que disponemos (aparte
del aire) y es un elemento con dos vertientes: La que apoya nuestra vida y la
que puede arrebatárnosla (desbordamientos, aludes de nieve, lluvias masivas)
Es como todo en la vida. La cara y la cruz presente en todos
los aspectos que nos rodean. Cualquier cosa puede servir para hacer un bien o
un mal, tal como nosotros mismos los seres humanos.
El agua nos acompaña desde el útero materno y participa en
la marcha de nuestra vida. Parece por tanto algo imprescindible y a la vez
misterioso por sus cualidades y propiedades.
En cualquier caso podemos estar agradecidos por su
existencia.
O así me lo parece
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Joan Martí - elcamidelavida@gmail.com - 27 de
agosto 2026

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