LA BANALIDAD DEL CAOS
Hubo un tiempo en que el desorden era un acontecimiento. Una
crisis trastocaba la agenda, una guerra suspendía las conversaciones, una
bancarrota sacudía las certezas. El caos aún tenía el poder de interrumpir el
fluir normal de los días. Hoy, se ha instalado. Ya no interrumpe, sino que
acompaña. Ya no sorprende, sino que informa.
Quizás esta sea la información esencial: el desorden se ha vuelto común. Ya no causa disrupción, solo debate. Ya no nos detenemos a confrontarlo; lo integramos. Se convierte en ruido de fondo, un telón de fondo cambiante pero familiar, como un clima caprichoso para el que terminamos vistiéndonos sin siquiera levantar la vista.














