© FELICIDAD ENTRE SOMBRAS
En estos tiempos oscuros, solo la música pone un poco de luz en nuestro corazón.
A pesar de las precauciones y burocracias (inútiles y teatrales) en los actos públicos.
Todos bien sentados y enmascarados después de haber pasado por los "controles de admisión": Lavado de manos, anotación de nombre, DNI, teléfono... en fin, denigrante, inmoral e innecesario.
Aun sin compartirlo yo también me veo sometido al ritual de la alienación humana al aceptar esta reducción de libertad y libre albedrío, en aras de poder disfrutar del poco esparcimiento tolerado por el actual sistema restrictivo.
Los pobres artistas que actúan, sea tocando, cantando o declamando, agradecen poder hacerlo y repiten hasta la saciedad que la “cultura es segura”














