3.4.25

Para ser una sociedad real debemos aprender a vivir como una comunidad de iguales

UNA SOCIEDAD REAL                                     

EN LA QUE VIVIR ES CONVIVIR

Tenemos la realidad ante las narices ¡y también la sentimos dentro de nosotros!, pero eso no quiere decir que la conozcamos bien. Todo lo que nosotros sabemos se basa en las experiencias que tenemos y en el discernimiento que extraemos, pero por muy ricas y diversas que sean nuestras ideas y experiencias, siempre serán parciales. Tarde o temprano deberemos renunciar a la pretensión de conocer del todo la realidad, porque no podemos abarcarla. La realidad siempre nos supera.

La realidad, en sí misma, no es lo que percibimos de ella. Tampoco es lo que reflexionamos o imaginamos, ni lo que intuimos. La realidad es mucho mayor que todo esto. A pesar de que todo lo que percibimos, sentimos y entendemos es real, la realidad escapa a quedar presa en todo esto. No debemos querer atrapar la realidad, debemos dejar que nos sorprenda ella a nosotros.

2.4.25

Cada uno debe encontrar su sitio y moverse a su aire para pasárselo lo mejor posible

© LA REALIDAD                                        

¿Debemos asumirla tal y como se nos presenta, tal y cómo es?

La situación general es la que es, nos guste más o nos guste menos, y frente a ella sólo caben dos posturas: aceptarla o rechazarla (y quizás también una tercera: pasar de ella).

La cuestión es que muchos (incluido yo mismo) la quisiéramos cambiar, la quisiéramos de otra manera. Al menos, la querríamos más amable y equitativa, más acogedora y estimulante... pero es en vano.

Las cosas son como son, sea por la maldad de quienes disponen del poder material o bien porque es lo que le toca al período destinado a nuestra civilización actual.

1.4.25

Para mí lo importante no es la duración de la existencia sino el modo en que se vive

LA ELECCIÓN DE UNA VIDA MEJOR

Por supuesto, también formo parte del pueblo pero ya no se trata sólo de la ilusión de compartir la misma tierra bajo nuestros pies. Ya no nos unen los mismos ideales, los mismos valores, las mismas ambiciones, ni el significado que le damos a la palabra Humano. La división ya es demasiado profunda y mi única lucha ahora es iluminar a las últimas almas vivas que, como yo, se niegan a mezclarse con la masa de esta sociedad enferma. 

Pero más allá de escribir mis libros, me concentraré en lo que mejor hago y lo que me hace feliz, es decir, mi trabajo como magnetizador taumaturgo. Porque ante este mundo en decadencia, me parece que el único camino honorable es ayudar lo mejor que pueda a quienes aún lo desean. Sanar, calmar, restaurar la energía y la vitalidad de quienes aún saben que vale la pena vivir, incluso en este contexto caótico, es por definición la esencia misma de la vida en la Tierra.