SER HUMANO IMPLICA SER VULNERABLE
Con cada libro que escribo, siento que he adquirido una Comprensión más profunda de la Vida. De LO que soy. Luego me doy cuenta de que vuelvo a caer en las mismas trampas de la mente. De buscar estados de conciencia más elevados. De rechazar la Realidad; siendo la realidad cualquier experiencia, pensamiento, emoción, sensación, que está sucediendo, momento a momento. De rechazar el rechazo. De sentir que puedo ser mejor. Más compasiva. Más cercana al silencio. Con más paz interior…Sin ser consciente, la zanahoria del mañana, de la Iluminación, me atrapa de nuevo. Y está bien así. Es perfecto así. No digo que sea un error. Todo lo que sucede es Divino, Espiritual, Sagrado (llámalo como quieras), aunque nos suene a todo lo contrario. Pero es como si todo aquello de lo que hablo no estuviese arraigado, integrado, en mí. Porque sigo luchando. Sigo peleándome con la realidad.
Sigo «intentando ser aquello que me gustaría ser»; con el esfuerzo y desgaste que esto implica. Con la falta de honestidad para conmigo misma que implica. Con lo poco amoroso que es. Con lo poco Real que es y soy «intentando llegar a donde no soy ni estoy».A la vez, es muy humano no querer sentir emociones
desagradables. No querer sentir dolor (ni físico ni emocional). Es muy humano
querer escapar, huir, evitar aquello que no nos resulta cómodo. Y eso es lo que
nos enseñan. Pero es como nadar contra corriente. Queremos dejar de sufrir, pero esa ansia por lograr esa meta, ese
objetivo, ese futuro iluminado, ¡nos hace sufrir! Desde ese
lugar de rechazo a LO QUE ES, a la Realidad, a lo que estamos experimentando,
alimentamos aquello que no queremos experimentar.
Pretendemos NO SENTIR lo que ya estamos sintiendo. Y el
mundo nos ofrece mil y una posibilidades para alcanzar ese destino que implica
estar diciéndole ¡NO! a la Vida, a nosotros, constantemente. Dentro de la
Espiritualidad (para mí Espiritual lo es todo…), sucede lo mismo. La
Iluminación, la No-dualidad, tal y como la mayoría la comparte (yo incluida
muchas veces, por olvido e ignorancia), es muy dual. Te separa de la humanidad.
De las emociones que no son agradables. Está repleta de conceptos con los que
nos empapamos intelectualmente y con los que acabamos identificados. Cambiando
una identidad por otra. Y todo porque ¡NOS DA MIEDO SENTIR! Lo cual es muy
«normal».
TODOS, maestros incluidos, nos sentimos vulnerables. Tenemos
conflictos en las relaciones. Nos sentimos rechazados. Nos estresamos. Nos
enfadamos. Nos equivocamos. Nos entristecemos. Nos cansamos. Nos enfermamos.
Porque TODOS somos Humanos, no Santos. Lo que pasa es que casi nadie comparte
esta otra cara por aparentar, por vergüenza, por miedo a perder seguidores, por
miedo a mirarse a sí mismo y reconocer que de «maestro» no tiene nada etc. Y no
digo que tengamos que explicar nuestras penas si no queremos. Digo que si
fuésemos radicalmente honestos, nuestras redes sociales se llenarían tanto de
luz como de oscuridad. Y ninguno nos libraríamos de ambas.
Ser Humano implica Ser Vulnerable. Sentirnos
vulnerables, inseguros, agotados, derrotados, ansiosos, rabiosos. Implica que
haya personas por las que sintamos rechazo y con las que no queramos compartir
ni un minuto de nuestra vida. Y eso no significa que no sepamos amar o que seamos
«menos que». Implica que no vamos a saber qué hacer en muchas situaciones.
Implica que vamos a liarla en muchas otras. Implica que vamos a hacer daño
(consciente o inconscientemente) y que nos van a romper el corazón de igual
modo.
Porque somos Imperfectos. Porque no nos han enseñado a
sostener nuestras emociones. Porque estamos recibiendo información errónea
sobre lo que es el amor, lo que es la Presencia, lo que es la iluminación (si
es que es algo…), sobre el sentido de la vida, sobre cómo lidiar con el
sufrimiento, sobre si es posible dejar de sufrir, sobre cómo sentir (si es que
hay un cómo…), sobre la no-dualidad, sobre la meditación, sobre los
pensamientos, sobre cómo ser humano y no morir en el intento… Y yo soy la
primera que la he dado. Porque es lo que me he creído. Y porque a veces
recuerdo lo que es falso. Y a veces lo olvido. Y no sé si sé más o menos que
ayer. Si la «verdad» está más o menos integrada. Porque en cuanto siento que
«ya sé», la Vida se encarga de mostrarme que sigo sin tener ni idea de nada.
Pero aquí estoy. Aquí sigo caminando. Aquí sigo cayéndome.
Observándome. Experimentándome. Llorándome. Riéndome. Maldiciendo.
Agradeciendo. Aceptando. Rechazando. Un poquito más cerca de mi Humanidad y un
poquito más lejos de la IDEA de Iluminar «lo que sea».
La Idea de Iluminación, de lograr una paz permanente, de
trascender el ego, el «yo», no es más que una manera de HUIR de la
realidad. De lo que está sucediendo. De nuestras sombras. De nuestra
oscuridad. De lo doloroso. Del sufrimiento. De los conflictos naturales que
surgen en las relaciones. De sentir emociones desagradables. De la intensidad
con la que la Vida en ocasiones nos golpea.
Usamos la Espiritualidad para hacernos adictos a otra cosa
más con la que evadirnos. Sustituimos el alcohol, las drogas, el consumismo,
las redes sociales, el hacer y hacer, por algo que etiquetamos como «más
consciente, más divino». Pero que no deja de ser más de lo mismo
Nos quitamos una máscara para ponernos otra. Y no lo digo
desde el juicio, desde el «eso no debería suceder». Lo digo por experiencia
propia. Porque yo he caído en eso. Y puede que siga cayendo. NO LO SÉ…
Es necesario PARAR y ser muy muy honestos con nosotros
mismos para asumir que estamos huyendo. Que lo único que no queremos es
lo que no quiere el resto del mundo: sufrir, pasarlo mal, enfermar. Lo único
que queremos es ser felices y tener Paz. Pero una paz que está en lucha
con la realidad no es una paz verdadera. Una paz que está diciéndole
¡no! a ciertos pensamientos, a ciertas emociones, a ciertas experiencias, no
puede estar en paz. Una Paz que rechaza «cualquier cosa» que surge, no es Paz.
Es guerra. Es sufrimiento. No es Hogar.
Una No-dualidad que no incluye la dualidad no es
No-dualidad. Es Separación.
Ningún pensamiento y ninguna emoción te pueden dañar. Lo que
daña es esa lucha constante, esa huida eterna, ese rechazo hacia LO QUE ES. Los
pensamientos, las emociones, son sólo olas del Océano. Vienen y van. Son
Perfectas tal y como son. ¿Te imaginas al Océano intentando arreglar a las olas
o rechazándolas porque considera que son demasiado largas o cortas o muy
intensas o poco intensas o «lo que sea»?
Si conectas con tu cuerpo por un momento, podrás sentir ese
dolor interno cada vez que le dices ¡no! a una emoción, pensamiento o
experiencia que tienes. Se produce una contracción. Y eso no significa que
tengas que «amar todo lo que te sucede». Esta frase no comprendida es un
absurdo. Cuando estás jodida, estás jodida y no quieres estarlo. Punto. ESO es
lo natural, lo honesto, lo humano. FINGIR que amas cuando no estás
amando sólo te lleva a sufrir.
Una vez ha pasado la experiencia dolorosa, el tsunami, la
tormenta, ahí sí que puedes sentir agradecimiento por lo que te ha enseñado.
Por el lugar tan profundo al que te ha llevado. Por la comprensión profunda que
has adquirido (si es que la has adquirido…) Gracias a ese suceso. Pero
«mientras» estás sufriendo, estás sufriendo. Y lo que imploras a la Vida, a
Dios, al Universo, a «quién sea» es que te alivie ese desgarro que sientes.
A lo largo de la Vida, vamos a pasar por muchas situaciones.
Unas serán muy agradables y dichosas, y otras muy desagradables y sufrientes. Y
mientras tengamos la IDEA de que podemos tener una Vida SIN ningún tipo de
dolor, de incomodidad, de desequilibrio, de descentramiento, de duda, de
perdición, de tristeza, de ira, de olvido, de enfermedad, de conflicto, de
ansiedad, de rechazo, de inconsciencia, de miedo, de juicio…, vamos a seguir
añadiéndole leña al fuego del sufrimiento. Porque la Vida no es lo que tú
deseas, es LO QUE ES. Y lo que es no vas a saberlo hasta que suceda. Ni antes
ni después. Y cómo vas a reaccionar ante ello, tampoco.
A veces, nos sentimos muy vulnerables. Y otras, muy
poderosos. Ambas son olas en el Océano que aparecen y desaparecen.
No estás mal, no estás dañado, no eres «menos que», por
tener pensamientos horribles, agresivos, pecaminosos, no espirituales,
obscenos, de deseo, terroríficos o negativos.
No estás mal, no estás dañado, no eres «menos que», por
sentir emociones que han sido catalogadas como negativas, no espirituales, no
iluminadas o poco conscientes.
Tú no controlas esos pensamientos. Aparecen de manera
automática y sin que puedas evitarlo. Son sólo nubes en el Cielo que vienen y
van. Son películas, historias, que surgen en la Pantalla.
No puedes poner la mente en blanco. No puedes decidir qué
pensamientos tienes y qué no. ¡Es falso! Una cosa es ponerte a imaginar y otra
CREER que tienes el control absoluto, 24 horas al día, de tus
pensamientos. Esa IDEA no
es verdadera. Y nos hace sufrir
mucho porque pasamos a hacer todo tipo de prácticas y esforzarnos para
«controlar la mente y dejar de tener pensamientos y emociones oscuras». Cuando
lo que nos hace sufrir, de verdad, es el RECHAZO hacia ellas. Es el estar
diciéndoles que ¡no! Es el estar juzgándonos, castigándonos y condenándonos por
tenerlos. Por sentir lo que sentimos. Por ser como somos.
¿Cómo una Vida Humana va a resultar permanentemente
agradable? Es que ya si reflexionamos un momento, nos daremos cuenta de lo absurda
que es esa idea (que yo he perseguido tanto tiempo hasta hace muy poco).
Somos imperfectos. Y ya está. Y en esa imperfección vamos a
cagarla muchas veces. Y otras muchas veces vamos a acertar. Y nuestra
Imperfección no nos hace NO dignos de ser amados. Sólo nos hace aprendices,
alumnos, Humanos.
Pero si tenemos la creencia de que «tenemos que ser
perfectos» para ir al paraíso, para iluminarnos, para ser felices, para
sentirnos plenos, para estar en paz, para ser amados (por nosotros mismos y por
los demás), entonces nuestro camino va a estar lleno de agonía y de «infierno».
Porque esa idea de Perfección ¡NO ES REAL! Viene de la mente que siempre está
buscando un objetivo, una meta, un destino que alcanzar.
Hay un sufrimiento que es innato a nuestra humanidad. Y otro
sufrimiento que es alimentado por nuestra ignorancia. Por nuestras creencias.
Por la desinformación que hemos recibido y seguimos recibiendo de TODOS los
ámbitos que nos rodean. Incluidos los que se supone que «saben más», que tienen
más consciencia y que están iluminados.
Si la Iluminación es
estar Separado de tu humanidad, de tu sensibilidad, de tu vulnerabilidad, de la
compasión, de la empatía, de la conexión con el otro y de TODO lo que aparece
en ti (te guste o no) es una iluminación FALSA. De escape.
De disfraz. Y esa Iluminación JAMÁS te hará sentir ni en paz, ni feliz, ni
pleno, ni amado, ni «iluminado», ni humano.
Sea lo que sea lo que estés sintiendo/pensando en este
momento (en cada «este momento»), acógelo en tus brazos (hasta el no
quiero acogerlo). En tu Corazón. Dales un Hogar Interno en el que Ser en
paz… En el que ser incluidos, amados. No rechazados. No abandonados.
Suelta tus IDEAS de iluminación, de divinidad, de
perfección. Y para.
Permítete Ser Vulnerable. Y no saber. Y meter la pata.
Permítete ser lo que en REALIDAD eres.
Permítete Ser HUMANA.
https://lhatidos.wordpress.com/2025/08/11/ser-humano-implica-ser-vulnerable/
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