VIVIR
PLENAMENTE ES ESTAR SIEMPRE EN TIERRA DE NADIE
Vivir plenamente es no ser de
nadie, de nada y de ningún lugar, ni siquiera de ti mismo. Es un
vuelo en libertad donde tus alas son guiadas por cada uno de tus
sentidos, donde tu mirada se desvanece en la inmensidad de la
eternidad y donde tus mejillas son acariciadas por la intensidad de
tus latidos.
Vivir plenamente es
arriesgarse a perderlo todo aún a sabiendas que nada te pertenece,
es saltar a un vacío en el que puedes ahogarte en tus desvaríos, en
tus sinsentidos, en unas lágrimas que suspiran por ser queridas, es
ponerte una venda en los ojos y empezar a caminar con la sinfonía de
tu corazón.
Sin control, sin esperanzas,
sin planes, sin futuros y sin mañanas. Mirar al sol y permitir que
te queme sin protección. Bañarse en alta mar dejándote arrastrar
por su fuerza, por su tempestad, por su furia y por su tranquilidad.
Arrodillarte ante tu propia Presencia y rendirle culto, por lo bien
parida que ha sido, que Es y que será. Beberte tus pasiones de un
sólo trago. Arrancarte los miedos de cuajo.
¿Qué es la Vida si
no un viaje hacia ninguna parte?
Ella te ofrece infinitas
experiencias para que elijas las que más prefieras, para que les des
forma, para que las crees y recrees a tu antojo, para que les chupes
toda su sangre y te alimentes de ella, para que tu memoria no se
pierda en el olvido, para que tus recuerdos no se queden sin
existencias.