CONSPIRA, POR FAVOR
Desde pequeños nos
educan para tener una opinión formada sobre todo.
Nos enseñan a ver
las cosas de un color definido, en blanco o en negro, verdadero o falso,
afirmativo o negativo, a creer o a no creer…
En definitiva, nos
inculcan que debemos albergar un punto de vista concreto sobre cualquier
materia y que no tenerlo es algo nocivo.
Por esta razón,
tendemos a rechazar la duda y la indefinición y a aferrarnos rápidamente a la
primera explicación o justificación que nos parezca plausible para sentirnos
seguros, como si estuviéramos perdidos enmedio del océano y nos agarrásemos a
una madera para no hundirnos.
Y esta primera
opción a la que nos abrazamos para darle sentido a todo, acostumbra a ser la
que podríamos llamar la “verdad oficial”, aquella que nos es ofrecida por el
común de la sociedad.
Una cálida verdad
acatada por la mayoría que, no solo nos protege del espectro terrorífico de la
incertidumbre, sino que nos permite ser aceptados por la gente que nos rodea.
Algo a lo que difícilmente
querremos renunciar jamás.
Éste es uno de los
mecanismos de refuerzo del Sistema más poderosos que existen.
Y tiene grandes
implicaciones en las dinámicas sociales, ya que una vez programada toda una
sociedad con estas mecánicas, cualquier idea o concepto que escape a lo
comúnmente admitido es atacado por la mayoria de sus miembros, como si alguien
pretendiera robarles ese trozo de madera que les permite flotar en el mar.














